Columnas

“Antes de Miller, estuvo Jaime Nieto”, por Federico Abrill

ANTES DE MILLER, ESTUVO JAIME NIETO

Estaba en una reunión. Jaime Nieto habló de sus obras y dijo “El dolor por tu ausencia” dentro de una oración. No aguanté. Tuve que interrumpirlo. “Es la mejor obra de teatro peruana para mí. La amo. Me cambió la vida. Me cambió la forma de escribir. Deberías montarla de nuevo. Deberías publicarla de nuevo”. Me quedé callado y después todo el mundo me miraba entre con roche y sorpresa. Jaime sonrío. Y yo en ese momento había sacado de mi pecho un agradecimiento pendiente con esa obra.

Cuando comencé a escribir, tuve la suerte de poder conocer a muchos dramaturgos peruanos de golpe porque en mi primera clase me regalaron las tan queridas revistas Muestras de Sara Joffré. Y comencé a leerlas. Mi acercamiento al teatro no fue por Miller, Williams ni O’Neill. Fue por esas revistas. La primera obra que leí fue la de Jaime Nieto.

También recuerdo la primera vez que leí “El cruce sobre el Niágara”, la obra más representada del teatro peruano en una edición en la biblioteca de la Universidad de Lima. Quedé fascinado, esta bella pieza de Alonso Alegría que ha cruzado fronteras más que cualquier otra obra de teatro y fue premiada por Casa de las Américas estaba escondida como tesoro en los anaqueles junto a Shakespeare y Lorca.

La dramaturgia peruana ha entrado a una etapa de crecimiento interesante. La aparición de premios y publicaciones es siempre importante y bienvenida. Pero… Con la mano al corazón, ¿qué tanto sabes de tus dramaturgos peruanos contemporáneos? ¿Por qué no los has leído? ¿Por qué te sabes las obras de autores premiados de Estados Unidos e Ingleses y no de tus propios dramaturgos? Ya si dices que no te conectas es ilógico. Porque son peruanos. Porque viven en tu contexto. Porque algunos tienen tu edad o tuvieron tu edad cuando escribieron esa obra. Inclusive muchos de ellos evocan otros lugares para que el espacio de la acción no sea el Perú en sí. Hay tantas. Yo sigo llorando con “La cisura de Silvia” de Victor Falcón, aún tiemblo pensando en la escena final de “Punto Ciego” de Claudia Sacha, me indigno pensando en “Espinas” de Eduardo Adrianzén o sigo pensando en el niño de “El Último Barco” de Cesar de María.

Es verdad que no hay publicaciones ni antologías tan disponibles, son pequeñas joyas pero tenemos el CELCIT, como un ejemplo. Una página web que ha reunido dramaturgia latinoamericana. En esa página encontrarás piezas imprescindibles de Cesar de María, la clásica “Antígona” de Jorge Watanabe, un buen grupo de obras de Mariana de Althaus, entre otras. Existen hermosas iniciativas como la de Roberto Ángeles cuyas Antologías reúnen lo mejor de la dramaturgia peruana contemporánea. Sus últimas dos ediciones de tapa roja con negro las puedes encontrar en algunas librerías de la ciudad.

Existe también otras vías de comunicación para escribirles a esos autores y pedirles sus obras. El correo electrónico o cualquier red social nos permite acercarnos a alguien sin molestar y preguntarle cómo conseguir una obra suya para leer.

Quizás también como dramaturgos hay que preguntarse cómo hacer más accesibles el propio trabajo. Hacerlas disponibles. Publicar no es una opción rentable o posible para todos pero existen plataformas que puedan ayudar a acercar al menos al grupo de actores, directores, dramaturgos y productores habidos por investigar y leer. Conocer lo que se está haciendo.

El teatro no solo se ve. Se lee. Así se descubren joyas. Así se hacen proyectos. Así se conoce el pasado y el presente y el futuro. Date una vuelta por la Feria o cualquier librería. Date una vuelta por la biblioteca de algún lugar. Escribe un correo. Googlea. Y quizás esa joya que tanto buscabas estaba allí. Y sí te sucede que alguna cambia tu vida, se lo dices como yo a Jaime Nieto en plena reunión. Gracias, Jaime. Es verdad. Antes de leer “La muerte de un viajante” conocí tu obra.  Me sentaré mirando al puente de Brooklyn tratando de escribir una obra como la tuya y muy bajito diré como acotación todo lo que hago. Pongo punto final. Sonrío. Fin.

(Foto de la derecha del foto montaje: Revista Escenarios)

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