¿Qué no se puede decir de don Carlos Ernesto Gassols Eizaguirre? Para comenzar lo podemos ver ahora, en pleno 2017, en el cine. Actuando en la película peruana Once Machos, dirigida por Aldo Miyashiro. Sin embargo, su vida artística comenzó hace más de ochenta primaveras. Antes de cumplir cinco años entregó su vida al servicio de la humanidad dedicándose al arte, y, desde ese entonces, han pasado casi nueve décadas en las que se ha desempeñado como dramaturgo, escritor, guionista, actor, productor, docente, locutor y director teatral. Carlos Gassols, al igual que todo hombre que tiene como leal compañero al pasar de los a veces no tan amicales años, es un veterano y sensible ser humano que mantiene interminables e inolvidables anécdotas que la vida le ha regalado para dejarlas para siempre en su memoria… Memoria. Esto lo que no nos debe faltar a la gente joven -porque cerebro lo tenemos todos-; y el saber quiénes hicieron historia en nuestro país -hablo de verdadera historia, esa de las que pocos son parte- es conocer nuestra identidad, nuestra cultura. Por ende, solo con memoria, conociendo nuestro pasado, podemos progresar más rápido como sociedad. Además, ¿por qué olvidar nuestro pasado? Es lo que ha forjado nuestro presente, y por cadena natural, lo que forjará nuestro futuro. No hace mal recordar de vez en cuando a Faulkner para despabilarnos y entender que esos dichos sobre pisar o dejar atrás el pasado son totalmente dañinos para nuestra salud cultural porque “el pasado no ha muerto, ni siquiera ha pasado”. Así de simple.

Con ustedes, una conversación llena de remembranzas con una de las pocas reliquias que tiene el Perú. Con un padre de familia cariñosísimo. Con un artista innato. Con un apasionado limeño cansado de un alcalde reelegido que solo ha empeorado nuestra ciudad, que la ha alejado del progreso y la ha acercado a la absoluta corrupción. Con un sensible ser humano. Con un tierno y amoroso esposo que expresa unas sinceras sonrisas y derrama unas lágrimas de felicidad y nostalgia cuando recuerda a su amada esposa. Y, sobre todo, con un hombre con pasado.

ENTREVISTA Javier Merino

FOTOS Miguel Paredes Haro

UN HOMBRE, UNAS PALABRAS.

Usted también es dramaturgo.

Sí, por necesidad (risas). Necesidad de escribir, no por un tema comercial.

Y ha publicado sus obras, ¿cuántas son?

Las tiene la editorial Ricardo Palma. En total son unas nueve obras, tengo también un monólogo. Te voy a mostrar un compendio ahorita… uno que me queda, con la carátula que ha hecho a mano Alonso Núñez Rebaza, hijo de un muralista extraordinario.

¿Son comedias o dramas?

Son unas comedias, dramas no hay, drama es solo el monólogo que tengo.

A qué edad escribió su primera obra.

En la década del setenta. No tan joven que digamos (risas).

¿Cuáles se han montado?

De estas se han montado El chequecito, el monólogo (Un hombre, unas palabras), Los inquilinos del buque, y Lima y Gardel. Los inquilinos del buque ganó un premio a Mejor Comedia Musical el año 86. Yo actué en la segunda temporada en el Teatro Segura, había un hombre que amaba la cultura llamado Alfonso Barrantes, un hombre fuera de serie. Fue alcalde de Lima. Un hombre que entró manejando su volskwagen. Yo le decía “ya está muy viejo su carro, ya debe de cambiarlo” y él me respondía “¿y usted? ¿Por qué no cambia el suyo?”. A lo que yo le contestaba “bueno, porque el mío es más nuevo”. El mío era del 76 y de él era del 74. Era un tipo muy simpático. Cuando terminó su periodo como alcalde regresó a su casa manejando su mismo volskwagen. Fue aprista en su juventud, como toda la gente que hizo política en esa época, pero se distanció y se decidió por la línea de Mariátegui, fue socialista.

¿Cuándo montó Lima y Gardel?

Esa la montamos cuando entró Fujimori y se hizo el famoso fujishock y nos reventó a todos. Nos fue mal. Tuvimos que subir los precios, de lo que costaba una entrada 20 soles se debería haber cobrado la entrada a 350 soles, más o menos, para poder ganar. Pero a ese precio no iba a nadie. Tuve que subir de 20 a 40 soles pero era nada. Y yo ya me había comprometido con mis actores y yo cumplo lo que prometo y tuve que pagarles igual, así que tuve que subir los precios a 300 y pico, pero solo continuó una semana más, así. Ustedes están viviendo una mejor época. Ustedes tienen televisión, cine. Yo recuerdo que en la época del 38 al 39, yo todavía era niño, se hicieron 8 películas en un solo año. Pero con la II Guerra Mundial acá se vino abajo el conato de auge del cine, entonces de ahí hasta la fecha, el 70 aproximadamente, se hacían 1 o 2 películas al año. Ahora ustedes tienen los medios, quienes después de mucho esfuerzo se han visto forzados a informar algo en cuanto a teatro.

¿Antes no era así?

No era así. Nadie informaba. El Comercio por un aviso de un tamaño pequeño te cobraba 800 soles por día. Y si era sábado costaba más, y los domingos y feriados subía. No había apoyo.

¿Cómo hacían para producir teatro antes? ¿El Estado ayudaba?

¡Nada! Nosotros mismos, solo hubo una época en la que se hizo eso. Se otorgaba una pequeña cantidad de dinero para producir. Pero siempre había favoritismo, argolla. Pero eso ha sido no más de un lapso de 4 años, después todo fue con nuestro dinero. Arriesgando. Para montar Lima y Gardel una vez tuve que meterme a una cooperativa para lograr que me hicieran un préstamo, para con ese préstamo realizar mi montaje.

¿Se acuerda cuánto recaudó?

Sí, me acuerdo, fue el 50% de lo que necesitaba para abarcar todo mi montaje. Lo demás igual de mi bolsillo. Era una obra escrita por mí, yo dirigía y producía, pero a la par me dedicaba a la docencia de teatro.

¿Y recuerda la cifra?

Uy, con tantos cambios de moneda y paquetazos ya no me acuerdo. Además yo siempre he sido muy malo en matemáticas. A los 5 años hice vacacional. Mi señora me ayudaba mucho. Que alguien te diera dinero antes era difícil, al menos que tuvieras un papá que esté en el medio, empresario o en la política y te diga “¿cuánto quieres?… ya toma. Bueno, hay que darle gusto a los chicos, esto (el teatro) no es nada serio, pero hay que darles de vez en cuando sus gustos”. Por eso nos hemos quedado muy atrás.

Carlos Gassols / Café Society©

EL CINE EN ÉPOCAS DE ANTAÑO.

Yo veo siempre, y te aconsejo que si tienes tiempo también lo hagas, te puede aburrir a medida que el programa no es de acá, es argentino, pero es de Mirtha Legrand, ella es una actriz que acaba de cumplir 90 años. Yo recuerdo las películas del cine argentino. El cine de barrio, digámoslo así. El cine peruano antes de la II Guerra Mundial, tú lo veías en el cine de barrio. Como El gallo de mi galpón, con canciones y contrapuntos; y antes de ver esa proyección te daban el anuncio de la siguiente película peruana El guapo del pueblo. Todo eso se cortó.

¿Qué otros títulos recuerda?

Yo te digo: El guapo del pueblo, El gallo de mi galpón, Palomillas del Rímac, Frontera norte, Barco sin rumbo, Niño de la puna, Tierra linda, De doble filo, Un día sin huella. Las hicieron en solo año y medio. Del 38 al 39 y pico. Y en los cines la mayor competencia no era el cine norteamericano. Las películas de la época eran La pequeña señora de Pérez se divorcia, La guerra Gaucha, Su mejor alumno. Había comedia y dramas argentinos en todos los cines de barrio. Luego vino el cine mexicano y le quitó el mercado al argentino. Jorge Negrete, Pedro Infante, Los Charros, Tito Guizar, Javier Solís también actuaba, Lucho Aguilar.

Antes había más cines.

Es que antes los cines eran como los teatros. Tenían platea y laterales, izquierdo y derecho. Después sacaron el término mezzanine, que en verdad era la cazuela. Pero eran grandes. El Marsano era teatro y lo volvieron cine, después regresó a ser teatro. Por cine se daba una sola película. Y los motociclistas se paseaban llevando los rollos. Acababa una película en un cine y el motociclista se iba volando al otro local para que se proyectara. Recuerdo que cuando era niño, en plena proyección, ¡pum! se cortaba una película. Se prendían las luces y luego volvía la película. A los diez minutos otra vez sucedía lo mismo. Porque se debía poner el siguiente rollo. Si Carlos Gardel cantaba cuatro tangos en un filme al final lo hacían cantar quince. Eso porque la gente aplaudía y pedía que se repitiera así que el que proyectaba la película debía rebobinar y repetir esa parte. Pero los actores siempre hemos estado fregados. Recuerdo que el cinematógrafo le quitó muchos espectadores al teatro. En Lima y el Callao había muchos espectáculos de teatro.

Sus padres se conocieron en el barrio de Vitarte, en el distrito de Ate.

Sí, ahí había un local que seguramente era de los curas jesuitas, que se preocupaban mucho por el teatro por lo mismo de su ascendencia española. Mi mamá fue a ver un espectáculo donde mi padre estaba actuando. Mi padre ahí le ofreció su mantón de manila, que era español, un mantón muy bonito, grande y elegante. No era lo mismo un mantón de manila que un mantón. En el intermedio de un espectáculo mi padre ofreció a la mamá de mi mamá el mantón para su hija, y bueno, mi madre se ruborizó. Pero esto fue suficiente para que el siguiente domingo de misa vuelvan a conversar, porque mi madre frecuentaba mucho ese local. El destino hizo lo suyo.

En el gobierno de Velasco se promulgó la Ley 19327, que beneficiaba mucho al cine.

Velasco Alvarado fue satanizado mucho, pero hizo muchas cosas positivas como la Ley del cine. Por intermedio del Banco de la Nación se presentaban cortos en todos los cines de la República. Se tenía la obligación de pasar los cortos, con una duración mayor de 10 minutos. Ahora, casi todos esos cortos eran extranjeros porque estaba parada la producción cinematográfica en nuestro país. Hay un monólogo de Felipe Pardo y Aliaga que se llama El niño Goyito, es muy gracioso. Es la historia de un individuo que va a viajar a Chile desde Lima. Es un hombre mayor pero la gente lo trata como si fuera un bebé. Es muy graciosa. Entonces, en una oportunidad, González Polar, un sobrino de Genaro Delgado Parker, había hablado con Carlos Tolentino para hacerlo en cine pero no se atrevió y me llamó a mí para hacer el guion. Y le dije que ya, porque me pareció que se podía sacar partido. Conseguí la locación en Barranco, a los actores y la hice. Terminé siendo coproductor y me correspondían regalías. Nunca he ganado tanta plata en cine como en esa ocasión. Con mi recomendación le dimos una tonalidad en sepia. Cada trimestre me acercaba al Banco de la Nación para cobrar mis regalías por la exhibición en todos los cines de la República.

¿Cuál era el casting para que se exhibieran los cortos?

Había una delegación que veía tu corto y lo aceptaba. Había gente que quería plata fácilmente y hacía cualquier cosa en su corto. Cogía un huaco y le metía distintos planos y ángulos y ya. Ese no era el propósito.

Eso ha sido lo más jugoso que ha ganado en su vida.

Así es. Pero tampoco he hecho tanto cine en mi vida. Lo que recién he hecho después de Octubre, fue Ojos que no ven, Atacada, luego Once machos, de Aldo Miyashiro que ahora está en cartelera.

DEJEN QUE LES CUENTE.

En su libro cuenta una anécdota muy bonita sobre La flor de la canela.

El tema lo había canturreado íntimamente Chabuca Granda. La época a la cual hago yo referencia en mi libro es con motivo del centenario del departamento de Huánuco, se iban a cumplir los 100 años de fundado este departamento y pues se gestionaron actividades culturales ahí. Entre otras delegaciones se encontraban la ENAE (Escuela Nacional de Arte Escénico, dirigida en ese entonces por Guillermo Ugarte Chamorro. Ahora llamada Ensad: Escuela Nacional Superior de Arte Dramático), y la Escuela Nacional de Música y Danzas Folklóricas del Perú, dirigida por una señora animada y propulsora de la música peruana, especialmente de la costa, llamada Rosa Elvira Figueroa. En esta delegación estaba una maestra llamada Lucha Egoaguirre que era familia directa de Augusto Egoaguirre (fundador del grupo Los Morochuchos). Nos alojaron a las dos delegaciones en el mismo hotel. Había mucha conversación, se tarareaban canciones y Lucha Egoaguirre por ahí cantó una canción que a todos nos gustó y mi señora (Hertha Cárdenas) tuvo el buen tino de pedirle la letra y nosotros comenzamos a cantarla. Era La flor de la canela. Esto nunca se había grabado. Y nadie la conocía. Todos la cantábamos, mi hermano Fernando y yo la tarareábamos en las reuniones esquineras de Barrios Altos (cuando todavía se podía hacer vida en esas calles) y a la gente le gustaba y nos preguntaba cuál era, pero no sabíamos que era de Chabuca Granda sino que contábamos que Lucha la cantó en esa ocasión y decíamos toda la historia.

MASCOTA DE ALIANZA LIMA SIENDO HINCHA DE LA U.

Cuando yo estaba con la compañía infantil Hermanos Gassols en Santiago de Chile, te hablo cuando tenía 5 años, los equipos salían con una sola mascota (nombre que se le daba al niño con el que salía un equipo de fútbol antes del partido), ahora salen con un ejército de niños. En ese tiempo salía la mascota con el arquero o el capitán de la mano. Yo recuerdo el sonar de la pelota cuando pateaban cerca, parecían cañonazos. En ese tiempo era una pelota de parche, una contextura mucho más gruesa, había que meter la pichina, luego el pasador y era una pelota muy fuerte. Bueno, un señor llegó al hotel en el que estábamos hospedados en la capital chilena y habló con mi padre. Y después me entero que en esta conversación este señor le había comentado a mi papá, claro que luego mi papá le comentó a mi mamá, para llevarme al estadio, para el primer partido del Rodillo Negro (nombre que recibió Alianza Lima por la prensa chilena debido al espectacular juego de los aliancistas en su histórica gira por Chile en 1935) con refuerzos de Universitario, estaban Carlos Tovar, Arturo Fernández, Orestes Jordan, Lolo Fernández, reforzando a Alianza Lima y fue una gira maravillosa para Alianza porque de los seis o siete partidos solo empató uno y después todos los partidos los ganó. Y casi todos los penales los tapó Valdiviezo, y de ahí que le dijeron el mago Valdiviezo. Entonces para el partido del debut, que era entre Alianza Lima y un equipo llamado Magallanes, me sacan a mí de la mano. En ese partido Alianza ganó 3-1. Fui la buena suerte de esa goleada (risas). Yo fui vestido como los chicos de antes, vestido de golf. Pantalones bombachos, medias a cuadros, saco. Era moda golf, porque nos vestíamos como la gente que jugaba golf.

Carlos Gassols / Café Society©

¿Ha ido a ver microteatro? ¿Qué le parece?

Me parece un formato interesante. Yo fui a ver a Carlos Cano que ya estaba muy mal y fui a entregarle mi libro que ya me lo había pedido. Así que le dije “voy a verte”. Eso fue unos dos meses antes de su fallecimiento. El 2015… Oye, pero qué rápido pasa el tiempo.

UNAS CLASES DE DIRECCIÓN TEATRAL.

Yo creo que los jóvenes de ahora están cometiendo un grave error, ah. Ahora hay directores a cada rato. ¿Qué background tienen ellos para ser directores? Para ser director, primero hay que actuar. Atendiendo a otras personas, a otras propuestas, porque el actual sistema es muy cómodo. El famoso “a ver qué propones”. Entonces, ¿cuál es el trabajo del director? Trabajar por una cosa propuesta por un actor, que viene a ser el director en realidad, yo en ese sentido soy muy drástico, me molesta cuando me llegan unas invitaciones para ver una obra. Me mencionan la obra, el lugar, la producción, el director, y no mencionan a los actores. El público va a ver a los actores, no a directores. Y es justo ver a quienes trabajan, a quienes dan la cara. Si me parece que es una persona joven, pero que hace un buen trabajo, es diferente, pero las excepciones son muy pocas. Ahora todo el mundo es director. Por peso salen los directores de artes escénicas de la (Universidad) Católica. Me parece que están equivocándose los roles.

Usted piensa que es un requisito indispensable pasar por la etapa actoral.

Desde luego. Ahora, que puede haber excepciones, las hay. Claro. Como en cine que hay periodistas y críticos de cinematográficos como François Truffaut o Jean-Luc Godard que fueron especializados, y que el público dice: “a ver pues, tanto que critica este, que el lenguaje, que el tiempo, a ver vamos a ver”. Y lo han hecho bien. También se puede dar eso en el teatro. Que es gente muy analítica, ve teatro, lee teatro, se lanza como director y es buena. No como ahora, gente que no tiene experiencia y los lanzan o se lanzan como directores y el ego lo tienen arriba muy pronto. Y el ego es una cosa bien delicada en la actuación, en el teatro, porque de por sí los seres humanos somos propensos al deseo de hacernos notar. Hay que tener mucho cuidado con el ego y la humildad, tampoco hay que mostrar falsa modestia, solo hay que ser humildes.

¿Piensa que esto es igual tanto en teatro como en cine?

Es diferente en cine, ahí el tema es más laxo. En el cine ya es más descansado además. Puede ser más aburrido porque tienes que tener mucha paciencia. El director debe ver si la luz le gusta o no, si el fondo es bueno o no. Hay que esperar porque se prueba mucho más. Creo que a Robert de Niro le preguntaron “¿cuánto le pagarán a usted por esta película, por ser famoso?”, y de Niro contestó “a mí me pagan por esperar”. En el cine se paga al actor por lo que tiene que esperar. En el cine a diferencia del teatro, eres una pieza del ajedrez.

Carlos Gassols / Café Society©

¿Ya no dirige teatro?

No, porque no me llaman pues. No saben que existo. Tú que has comprado mi libro, déjame buscar ahí lo que dice el gordo. Mi buen amigo (Alberto) Isola. “En un país como el nuestro tan propenso a la desmemoria, cuando no al olvido”. Es la verdad. El futuro tiene su apoyo en el presente, y este tiene su apoyo en el pasado.

Si alguien viene y le dice “don Carlos, tenemos esta obra, queremos que la dirija”, ¿lo hace?

Por supuesto, y yo dirijo a la usanza de mi época también. Porque yo no solamente trabajo con los actores a la hora de ensayos. Sino en mi casa. En mi casa me voy adelantando a los hechos que podrían ocurrir. Como a mí me gusta el dibujo, generalmente hago que mi libreto esté escrito en una sola cara por hoja para tener la otra cara libre y dibujar desde arriba dónde están los muebles, las puertas, ventanas, adónde se van a mover. Voy haciendo mi ensayo. Se sientan, se levantan, con mi lenguaje con mis signos. Y voy a los actores con mi propuesta. Les digo: “esta es mi propuesta, si no se sienten cómodos o si no están de acuerdo, me lo dicen personalmente, no delante de los demás para que se luzcan, me lo dicen a mí. Yo acepto todo. No soy reacio. Y si está bien, vamos, lo acepto, pero si no, no va tampoco”. Así dirijo yo. Sin embargo me han dirigido y el director ha esperado a ver qué cosa propongo. Y yo les he dicho “¿qué cosa voy a proponer si no sé qué voy a hacer? ¿Me voy a recostar o no me voy a recostar? ¿La pared es blanda o es sólida?”, en fin pero ahora dirigen porque muchas veces consiguen el espacio, que también es un mérito porque es complicado conseguir un lugar.

¿Cuánto tiempo estima que se debe ensayar para una obra?

Unos dos meses, suficiente. De lunes a viernes.

Pero ahora muchos actores que se cruzan en tiempos, además de otras actividades que realizan.

Sí, bueno, he visto sufrir a la gente porque tienen que compartir el teatro con la televisión y otras actividades.

¿Cuánto tiempo se necesita para ensayar?

Dos horas. No se necesita más. Lo demás es bla bla bla. Cattone te pide dos horas de ensayo. Pero que no llegues a la hora, te pide que llegues veinte o quince minutos antes. Después se hace una parada, y preguntaba “¿quién quiere un té, un café?” Y luego otra vez a ensayar. A mí me ha pasado que me dicen tres o cuatro horas de ensayo, pero hay una hora desperdiciada en bla bla bla. Dicho sea de paso para mí hay que hacerse una o dos lecturas como máximo.

A veces se confunde la confianza con la falta de respeto al director.

A veces sucede así, por eso prefiero que las preguntas se hagan antes o después del ensayo, puede ser también durante el ensayo pero sin mezclar la confianza con el respeto hacían la persona que dirige. Si un actor tiene una acotación me la dice personalmente, no me lo grita delante de todos, cuando opina directamente. Ahora se le falta mucho el respeto al director. Dicho sea de paso no se dirige nada tampoco en televisión pues… en televisión lo que interesa es ir a toda velocidad.

Solo interesa la publicidad y el dinero.

Nada más. Yo ya no quiero hacer televisión, no quiero, me han llamado y no quiero. No es sobradera, es que me estresa ese ritmo vertiginoso, todo el mundo está apurado, todo el mundo habla.

Al empezar la entrevista me comentaba que muy tímido.

Recuerdo que en Tinta Roja le dije al director de cámara, con el que ya había trabajado en otra película, que soy tímido, porque es la verdad. Y quizá lo soy menos ahora gracias al teatro, y le comenté: “mira, a mí me pasa una cosa en el cine, me hacen una toma y el director dice ‘queda’, y yo sé que lo hubiera podido hacer mejor, y por no mortificar más al director me quedo callado”, y esta persona me dijo que tenía que decirlo. Y luego lo he cumplido con mucha dificultad. Le he dicho al director, “una consulta, creo que lo puedo hacer mejor”, y el director me dice “¡para nada! Pero si lo has hecho muy bien!”, carajo… pero bueno… (risas). Y lo que me agradó de esa película es que al final me dijeron que iba a grabar una escena adicional, que no estaba en el guion, para el lucimiento del personaje. La escena en la que se acerca a mí el personaje que hace Giovanni Ciccia -se debería pronunciar chicha porque es italiano pero no suena bien (risas)-, y yo le digo “no tengo ninguna frase sabía para despedirme de ti”. Recuerdo mucho en la premier, estaba sentado al lado de mi señora y más allá estaba Norka Ramírez, que cuando vio esa escena ¡se emocionó un montón! Yo le dije “oye ¡¿por qué te emocionas tú si el que debería emocionarse soy?!”. Se moría de risa la china.

Carlos Gassols / Café Society©

En Octubre ganó el premio a Mejor Actor sin ser el protagonista.

¡Sí! Para mí fue muy grato, pero pensé que el premio iba a ser para Bruno (Odar, protagonista del filme de los hermanos Vega). Yo estaba acá en mi cocina tomando el desayuno y me llama Diego Vega y me dice “Carlos, te llamo para darte una buena noticia, ha ido muy bien la película en  Vladivostok y además te tengo que decir que te han dado el premio a Mejor Actor”. “¿Qué? ¿De dónde me llamas?”, le pregunto. “Estoy acá en Canadá, Daniel me acaba de llamar de Vladivostok. Y me ha dicho que te han dado el premio a Mejor Actor, y lo mejor de todo es que viene con un sencillito”. Y yo le digo “no puede ser, ese premio tiene que ser para Bruno, quizá como son rusos y su alfabeto es diferente al nuestro, se deben haber equivocado”.  Y, bueno, llamo a Carla, la mujer de Daniel, porque Bruno había viajado con él a Rusia. Y ella me confirmó la noticia. Y cuando regresaron Bruno y Daniel, me trajeron el premio. Y ahí fue que le pregunto a Daniel “¿quién ganó el premio a Mejor Actor Secundario? Porque yo creí que ese premio, en todo caso, iba a ser para mí”. “No hay papel secundario –me dice Daniel- Pacific Meridian premia al mejor actor y a la mejor actriz. Punto”.

¿Y qué tan bueno fue el sencillito?

Fue en rublos, pero en dólares era algo de $5 800 (cinco mil ochocientos dólares). El único premio económico que me han dado en mi vida. Todos los demás solo fueron galardones. Y en Tinta Roja cuando llegó Gianfranco Brero a Lima, después de haber recibido en el Festival de San Sebastián la Concha de Plata a Mejor Actor, llamé a su mamá -tenemos muy buena relación- para felicitarlo y me dice “¡justamente está llegando ahorita! ¡Estoy en el aeropuerto, lo están entrevistando pero ahí te lo paso para que seas el primero que hable con él!”, me dijo y cuando me lo pasa lo felicité por su logro, a lo que me responde “¡oye, muchísimas gracias! Y te voy a decir que en San Sebastián todo el mundo me preguntaba por Vang Gogh, que ¿por qué no ha venido Van Gogh?”. Me dijo que preguntaban mucho por mí y por Yvonne Frayssinet.

Y usted por qué no hay ido a ningún festival.

Yo no sé,  a mí jamás me han invitado para los premios. Nunca. Siempre viaja otra persona. Ni siquiera me preguntan si puedo pagar mis pasajes. No me consultan. Ni con Pancho (Lombardi), ni con los (hermanos) Vega. En Caídos del Cielo, en Montreal, tampoco.

LA FLOJERA DE UN ALCALDE APELLIDADO CASTAÑEDA.

¿Todavía escribe?

Sí, claro. Ahora escribí una obra llamada Poderoso Caballero que tiene mucho fondo social porque lo que no podría escribir en una columna en un medio de comunicación la escribo en esta obra. Tengo tantas dudas sobre cómo se maneja el periodismo por sus dueños. Aparte de la amistad y admiración que tengo por Susana Villarán, ha sido vilipendiada por los medios. Dicen que fue la peor gestión municipal que hemos tenido. Pero se olvidan que ha sido la única alcaldesa que pudo sacar a la gente de Manzanilla y de la Parada, pudo iniciar un programa de chatarreo, un programa de nuevas rutas de transporte, la disminución de cousters y combis para reemplazarlas por los grandes. Con dificultades pero logró sacar un montón de estos vehículos que entorpecían más el tráfico. Porque el señor Fuji… señor Castañeda, iba a decir Fujimori pero la verdad es que ambos son iguales, igual de corruptos. Castañeda dijo que iba a continuar con la reforma de transporte que la había comenzado Villarán, pero dio la contra solo por odio sin importarle la ciudad. Aunque quizá no le importe Lima porque es chiclayano, pero yo sí soy limeño, hijo de limeños y nieto de limeños. Me dolió mucho que se haya perdido la oportunidad con Susana Villarán. Los errores no causados por ella, los medios de comunicación lo magnificaron, y los repetían día y noche. Pero errores que fueron hechos, por gente contratada, por maleantes. Pero mira, compara, ¿qué pasó cuando se cayó este puente? Cuando este tipo dijo que no se cayó, solo se desplomó, ¿qué pasó ahí? Nada. ¿Por qué no hacen lo mismo los medios? Y el tráfico ahora está terrible. Ha empeorado. Yo no tendría una columna en un medio porque escribiría sobre esto y me van a querer desaparecer y quizá ni siquiera me publicarían. A mí me llama la atención que gente que yo respeto como periodistas como Raúl Vargas no hayan tenido un poquito de honestidad por lo menos para reconocer que han cometido errores en lo que han hecho y callar sobre esto. Sigue indemne Castañeda con estos desastres del Niño. Se ha portado pésimamente. Pero bueno esto lo puedo decir acá. En Poderoso Caballero.

El teatro Segura está descuidadísimo.

Lo tiene está gestión y puede mejorarla. No tiene butacas, se han llevado las butacas, es el teatro donde se cantó el himno nacional. Fue el Teatro Nacional, y en un tiempo fue incluso más importante que el municipal. Emblemático. Y no funciona. Y la sala Alcedo que es una salita para música, porque está hecho exclusivamente para eso, tampoco funciona.

¿A sus 88 años, qué opina de la muerte?

No le tengo miedo a la muerte, en cambio el dolor sí es atemorizante, pero yo sé que no soy importante ni imprescindible. Sin embargo pienso en mi hija y mi nieta. Eso es lo terrible. Y yo soy muy, muy sensible, me acuerdo de mi esposa y se me llenan los ojos de lágrimas. Creo que no hay que tenerle miedo a la muerte. Yo soy muy creyente. Y se le atribuye a Einstein, un agnóstico redomado, una frase que dice “la luz es la sombra de Dios”. Y santo Tomás de Aquino decía que la santísima trinidad es como el Sol. No puedes verla directamente. No voy a misa pero sí soy creyente. Creo que no puedo creer en el agnosticismo. No puedo creer que el hombre crea que todo lo maravilloso que vemos, olemos, oímos, saboreamos y tocamos es obra de la casualidad. El hombre no puede ser tan soberbio. Yo creo que debe existir algo… algo debe existir.

Carlos Gassols / Café Society©

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