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COLUMNA | “Escribir como Marie Kondo”, por Federico Abrill

ESCRIBIR COMO MARIE KONDO

No hay nada más terrorífico que una página en blanco. Es la realidad. Tratamos a veces de llenarla de inmediato. Como un impulso. Poner lo primero que se nos viene a la mente. Esa página así no se puede quedar.

Sin embargo, esa página así se queda por un buen tiempo. Hasta que la seguridad de la idea o alguna fracción de ella lleve a un impulso real de teclear esa palabra con la que empezará todo.

En pleno bloqueo de escritor, Marie Kondo apareció en mi vida. Leí su libro hace dos años e inmediatamente cambió mi perspectiva del espacio donde escribo: mi cuarto. Mi cuarto ha pasado por muchas reestructuraciones. Ahora es un espacio más amplio porque en verano siento mucho calor.

A veces no puedo escribir en mi cuarto. Entonces escribo en espacios tranquilos y amplios. A veces con vista a la calle. Para recordarme que el tiempo pasa. A veces escribo de madrugada. En mi cama. Mirando el techo. En pésima postura física pero con la música perfecta para lo que tengo que escribir.  Pero cuando se tiene que escribir, se tiene que escribir.

Sé que estamos en la época del máximo troleo a la pobre Marie. Pero es importante entender que detrás del sofrito que se presenta en Netflix existen interesantes teorías sobre el espacio y la creatividad que tienen de su libro. Un libro que juzgas sin leerlo a base de un meme racista y sexista. Reducir todo un trabajo de investigación (simple pero contundente) a un meme es tan o más tonto que reducir una tesis de investigación a un título. Reducir todas tus herramientas de escritor a esa página en blanco es ridículo. Es reducir todo tu estima y trabajo a la nada.

Las personas no pueden cambiar sus habilidades de orden sin antes reconocer como piensan. Eso dice Marie.  Lo mismo sucede cuando escribes. No puedes cambiar, aligerar o dejar de padecer al escribir sin antes reconocer cómo piensa tu cerebro en un ambiente no agradable. Lo que te dices cuando tienes que escribir ese texto debe ser más o menos lo mismo que le dices a la pobre Marie cuando descubres que lo tuyo no es ordenar. Pero ordenar es un hábito. Como escribir. Yo tampoco dibujante pero antes de escribir dibujo. El hábito me ha ayudado a no bloquearme. A tener claro qué herramienta sacar de mi bolso de talleres, encuentros y charlas para escribir.  Así que te recomiendo leer a la pobre Marie. Por algo es millonaria. Y por algo tú sigues viendo memes cuando deberías estar escribiendo (o cumpliendo una meta).

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