Entrevistas

Diego Avendaño: “En el humor trato de que la gente aprenda, pero también que entienda” [ENTREVISTA]

Diego Avendaño dibujó su primera viñeta siendo un niño. La última posiblemente la trazó hoy. O ayer. O cualquier otro día de esta semana o de la pasada; los momentos en que las ideas caen a su mente son tan espontáneos como las temáticas utilizadas en sus más de trescientas publicaciones: amor, muerte, música, la política, su ciudad y hasta la catarsis personal.

Por: Rodolfo Serna Saona

Fotos y producción fotográfica: Harold Valles

En la pequeña y acogedora sala de su casa prima una recia y achatada mesa de estar color café. Su núcleo contiene un cajón cristalino con huayruros a montones, provocando un enérgico contraste de tonalidades en su estructura, solo superado por el quiebre que producen dicho mueble y la alfombra roja que lo sostiene.

Uno llega a la conclusión de que esta elegante pieza visual es culpa de Diego Avendaño (35), quien coloca amarillentos posavasos sobre la oscura mesa. Causa entonces la duda: ¿recibe a un invitado o compone una idea?, o ambas a la vez.

Elegante también es su humor gráfico, que huye de lo vulgar, obsceno y otras particularidades que consumen y gustan la mayoría de peruanos. El que él utiliza, inspirado en artistas nacionales y extranjeros, es uno ‘más elaborado’.

‘El humor es uno solo, lo que pasa es que a veces hay formas de hacerlo; algunas son más fáciles. Nos hemos acostumbrado aquí a uno más machista, homofóbico, de lisuras. Son muy básicos. Nos hemos acostumbrado a que (los lectores) no piensen’, comenta Diego, para luego apuntar cómo maneja la confusión en algunos de sus lectores, y es que el chiste ‘sano’ no es barato.

‘En los stories de Instagram con un pequeño video explico de qué se trata y dónde está el chiste. Mi otra motivación es que la gente investigue un poco y que luego de buscar el contexto del chiste, aprenda un poco más’.

Y aunque acepte que el humor negro y el colorado son los más populares, ‘no todo puede ser así’.

Diego Avendaño / Café Society©

Humor sano no es humor simplón

La historia reciente muestra al Perú como cuna de grandes momentos, aunque más malos que buenos, porque ha encestado grandes problemas y pequeñas soluciones. Esa mirada afilada a nuestra ilógica realidad no solo le ha pertenecido a la prensa especializada e instituciones independientes; sino también a caricaturistas reconocidos como Nicolás Yerovi, Juan Acevedo, Antonio Cisneros o Carlín, seguidos hoy por una generación virtuosa del ingenio como Andrés, Mechaín, Jesús Cossio, y un no tan largo pero valioso etcétera.

Con un estilo y público propios, en un país moral y socio-políticamente depresivo, es mucho más que plausible la aparición de una nueva camada de jóvenes aficionados que a punta de originalidad y entusiasmo asoman gratamente por este bastión de la cultura popular moderna. Uno de ellos es Avendaño. Comenzó haciendo catarsis en un antiguo blog personal, manipulando imágenes en photoshop y apreciando las traviesas portadas de Caretas. Sin embargo, no fue un peruano sino un vecino del sur quien iluminó su objetivo a la hora de dibujar y hacer reír: Alberto Montt.

‘‘Una vez lo entrevisté. Para mí era ‘wau’, porque era un pata a quien seguía desde tiempo atrás. Le pregunté cuándo comenzó a dibujar y él me respondió: ‘La pregunta no sería esa sino ¿cuándo dejas de dibujar?, porque todos antes de aprender a escribir, dibujamos’, y claro, todos tenemos la historia de haberle pintado la pared de la casa a tu vieja, pero luego llegamos al nido y al sistema educativo y nos dicen pinta dentro de la línea, la persona debe ser amarilla, el cielo azul, y debes tener tal ideal y objetivo de dibujo. Y lo dejas porque dices: ‘no sirvo para esto’ ’’.

Ciertamente todos hemos dibujado alguna vez pero no todos lo vuelven hábito, y en esa práctica constante reside la diferencia abismal entre quienes esbozan la realidad con lealtad e imaginación y los que apenas completan al típico hombre bajo lluvia de los test psicológicos, haciendo esmerado esfuerzo para que parezca un humano convencional en un lugar convencional, bajo una lluvia también convencional. Todo para sumar méritos y conseguir un empleo, naturalmente, convencional.

‘‘No me considero un tipo talentoso, es cuestión de práctica. Empecé de niño grande con crayolas y al día siguiente dije ‘no me gusta mucho’. Tengo un pulso pésimo. La cuestión es ser afanoso, varios dibujantes buenos te dirán que el talento lo puede tener cualquiera pero que no llega a desarrollarse. Los de más éxito en  lograr objetivos son gente chamba. ‘Como decía Picasso: la inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando’ ’’.

Pero además de la práctica, también cuenta la preparación. Luego de pasar por talleres con reconocidos autores como Jesús Cossio (creador de la webcomic Las increíbles aventuras del hombre que no se hacía dramas) y Elliot Túpac (uno de los mayores representantes del lettering y la cultura chicha a nivel internacional), y de explorar la ilustración digital, volvió finalmente a la libertad del papel. Y a dejar que su propia historia movilice su creatividad.

‘Algunas cosas no son las que tenía en la cabeza. Eso creo que es parte del proceso. Ir aspirando a ser mejor porque en ese camino haces las cosas bien, mientras sean honestas. No te conviene estancarte en algo. Habrá un momento en que haga una cosa diferente o evolutiva. O paralelas’.

Diego Avendaño / Café Society©

Primero hizo autoretratos. En la biblioteca de la Universidad Católica vio un retrato de Frida Kahlo que le impresionó por la ambigüedad en su identidad: ‘no sabía si era un hombre o una mujer, tenía unas cejas gigantes y una especie de bigote. Notó mucho cómo se remarcaban mucho esos detalles’.

Estaba listo para retratarse a sí mismo. Antes, pero antes, interpretarse a sí mismo. No fue fácil. Nunca termina siéndolo. Exageró sus rasgos personales, distintivos, únicos. Trabajó en la nariz y luego en la forma. Incluiremos que en paralelo practicó los diálogos haciendo auto sarcasmo en presentaciones de stand up comedy. Se reía de sí mismo en vivo, frente a decenas de personas. Valentía no le falta.

‘Durante un tiempo tenía un problema general; en tu adolescencia sientes que hay cosas que fallan, que no te gustan, una de ellas era mi nariz. Me frustraba mucho porque sentía que tenía un perfil muy limitado. Comencé a investigar y encontré que muchos decían usar sus limitaciones como un arma’.

El sencillo proceso creativo

Dibuja en agendas y en cualquier lugar y momento. Como cuando esperaba su turno para ponerse en manos de su dentista. Ambos pasaron a la lámina como paciente y asesino, antes de que el segundo le perpetre la muerte al primero, cuchillo en mano.

‘Cuando no tengo una libreta en la mano, me da cólera. Lo que se me ocurre lo apunto por ahí para hacerlo más tarde. Suelo divagar bastante y se me ocurren cosas así con mucha frecuencia. Es como los accidentes, pasan cuando menos lo imaginas’. Eso sí, siempre en estado sobrio. Casi siempre.

‘La comedia no está tan bien vista. Los payasos somos el último eslabón en la cadena de la actuación’, se queja Avendiego –su seudónimo-, reconociendo sus límites y el camino a mejorar. Los backgrounds (fondos) son una cuenta pendiente. Se ha especializado, más bien, en dar contenido. A partir de aquí intenta traducir lo que hay en su cabeza a un soporte: un fotomontaje, un cómic o una viñeta sola.

Como aplicado aprendiz del humor blanco, otro de los principales ingredientes para argumentar su imaginación consiste en cultivar un amplio bagaje cultural y una mentalidad bastante abierta y admisible:

‘La cultura es muy amplia, es la cumbia que escuchas en la combi y es Mozart, y hay gente que le hace ascos a una y otra cosa, ¡ay qué aburrido la Sinfónica!, vamos a una fiesta pero ¡no allí ponen Pitbull me darán náuseas! Más que tener un nivel cultural, debemos tener mente abierta a recibir estímulos, los niños hacen eso y a partir de allí ven cosas, por eso es que te pueden pintarte un cielo rojo pero no falta el profesor o profesora torpe que les dice no, el cielo es azul, cuando probablemente lo vio en una tarde de verano. Cuando vamos creciendo nos vamos cegando de varias cosas’.

Diego Avendaño / Café Society©

El comunicador por la PUCP recuerda la persistencia de su profesora Patricia Del Río en la claridad como pilar de un buen mensaje. Aunque en su mundo lo ideal sería hacer un gag sobre Descartes sin tener que explicar quién es Descartes[i].

‘En humor, trato de que la gente aprenda, pero también que entienda. Pero mientras más pueda hacer algo sin necesidad de una explicación sería mucho mejor’.

No se arrepiente de ninguna de sus publicaciones, tampoco de aquella en que mezcló a Samara, de El Aro, con Santa Rosa de Lima. Aunque no llegaría a ser tan ofensivo como Charlie Hebdo. Tampoco a dejarse seducir por la viralización: sabe que si dice que no a ciertas cosas, ganará una reputación. Los temas que incluyen esa auto regulación son aquellos en los que, tal como le comentó una vez un hombre de leyes, prevalece la inferioridad de poder social de ciertos grupos sociales: la mujer, la comunidad andina, la latina.

Decía Alberto Montt, en una entrevista, que tiene mucha suerte por poder vivir de lo que ama, que es el dibujo. Diego no lo hace, pero agradece la fortuna de poder desempeñarse en la carrera que estudió y así costear esta pícara pasión de convertirse, cuando se le antoje, en Avendiego.

Terminamos la charla a su estilo, probando de su medicina. De lo que hemos estado hablando esta última hora.

-¿Cómo te ves en diez años?
-No sé lo que haré en cinco días (risas)’.

***
[i] René Descartes fue un elemental filósofo y matemático francés del siglo XVII.

Diego Avendaño / Café Society©

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