Columnas

Empezar, por Federico Abrill

EMPEZAR

Escrito por Federico Abrill.

Debo comenzar a escribir. ¿Sobre qué? Me encubro y me invento un personaje. ¿O soy yo? ¿Qué pasa si escribo como yo? ¿Qué pensará la gente? ¿Quién es la gente? ¿Qué pensarían de lo que escribo? ¿Se darán cuenta de…? ¿De qué se darán cuenta? No, tengo que concentrarme. Pensar en algo que contar. Algo importante. ¿Qué puede ser importante para mí y a la vez importante para…? ¿Debería tocar un tema importante para todos o algo que me toque a mí? 

Tengo miedo. Esa es la verdad. ¿Y si comienzo con eso? Tengo miedo. Es un hecho. Tengo miedo. ¿Por qué escribo oraciones cortas? Debería escribir algo que trate de la inagotable fuente de miedo que tengo dentro de mí. Eso es una oración larga. Debería usar algún verbo importante. Fuerte. Concreto. Ufanar. ¿Qué es ufanar?

¿Por que me voy del tema? Ya ves. Tengo miedo de hablar de mis miedos. Tengo miedo de caer pesado. Tengo miedo de parecer tonto. Tengo miedo de viajar solo. Tengo miedo de no tener trabajo. Tengo miedo de tener demasiadas cosas qué hacer y no tener tiempo para mí. Tengo miedo de estar solo. Demasiados miedos. No puedo escribir eso. ¿Qué diría la persona que me ha confiado un espacio para escribir si lee que tengo miedo de escribirlo por el miedo del qué dirán? Dios, ayúdame. No creo en Dios. Estoy solo. Tengo miedo ya. Ufanar. Voy a decir que no puedo. Me tropiezo con mi computadora. Se cae. Se pierde las oraciones largas que he escrito.

Debí guardar el documento. Debí comprarle una batería a mi Mac. Debí cambiar a otra computadora hace tiempo. Debería no hacer nada. Debería dormir.

Me levanto. Tengo un día largo. No tendré tiempo de escribir esto. Llevaré una tablet. Le digo a una amiga de mis miedos. Me dice que también tiene miedos parecidos. Entonces de pronto no me siento solo. Llego a un ensayo con un amigo y lo veo con miedo por su estreno. Veo a las actrices conviviendo con el miedo de olvidarse la letra, de tropezarse con el mueble y de caerse  en escena. Todos convivimos con el miedo. Entonces por qué me debería dar vergüenza de hablar de mis propios miedos si todos sentimos miedo. Y quizás debería aprovechar la valentía del ensayo de mis amigos de sacar la tablet y escribir lo que pienso. Lo escribo. Confió en lo que puse. Sé que puede estar mal. Total, si está mal podré mejorar. Espero. Y eso es lo lindo del teatro. Fracasar te enseña. Un éxito solo te da seguridad. Pero la seguridad sin miedo debe ser duro. Es la mezcla lo que hace que uno esté vivo. Sé que puedo juntar palabra con palabra y hacer que tenga sentido, aunque tengo miedo de decir cualquier cosa y que me juzguen. Todo el mundo juzga. Y la verdad, yo me juzgo peor que todo el mundo. Yo soy esa gente que juzga. Yo soy la gente. Pero estoy seguro de que lo que he escrito es real. Mi realidad. Mi verdad. Mi primera columna. Espero no haberla cagado. Ahora lo mando. Qué miedo. Qué bien. Ahora tengo que escribir otra para la siguiente semana. Mierda. ¿En qué me he metido? Algo vendrá. Ufanar.

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