Entrevistas

ENRIQUE PLANAS: “UN ARTISTA NO TRASCIENDE SI NO TIENE OBSESIÓN POR LO QUE HACE” [ENTREVISTA]

Su última novela Kimokawaii guarda un gran concepto en su nombre (algo que siendo hermoso también es perturbador) y este concepto describe a la perfección a Enrique Planas. Sus historias y su punto de vista sobre la vida y la literatura tiene una dosis equitativa de rebeldía y belleza. En esta entrevista el reconocido periodista y autor nos habla un poco sobre la vida del escritor y, a pesar de su odio hacia los consejos, nos brinda su opinión experta sobre las bases para crear una historia trascendente.

 ENTREVISTA Katya Anamaria

FOTOS Ángel Romero

¿Existe un secreto para escribir bien?

Yo no soy mucho de dar consejos ni me gusta seguirlos, pero ¿qué significa escribir bien? Yo creo que significa ver las cualidades en sí mismas de un texto, y que, si las tiene, por supuesto un crítico las va a encontrar, pero al momento de crear un texto, el autor no está pendiente de los factores externos sino en leerse a sí mismo profundamente y en recordar lo que ha escuchado, recordar lo que sabe, quien es y encontrar su propia voz en ese proceso. Entonces yo nunca me hago la pregunta de cómo escribir bien, yo solamente escribo una historia, estoy atento en transformar todas mis experiencias para que las viva otro personaje, recordar que fue lo que me divirtió, lo que me perturbó, lo que me conmovió a mí, personalmente.

¿Es muy importante la inspiración para un escritor?

La inspiración no es un hada con una varita mágica (risas). Uno la va buscando, la va convocando permanentemente en la disciplina que uno mismo se invente, ¿no? En el momento que uno se organice para poder escribir e intentar. A veces, en uno de esos tiempos quizás no avances ni una línea, pero te ha permitido distraerte y así poder pensar libremente en las cosas sobre las cuales quieres escribir.

En KimoKawaii, ¿qué utilizaste para inspirarte?

Yo creo que, en toda novela, hay múltiples fuentes de inspiración, no hay una que detone algo en especial, y en todo caso, si es que lo hubo, se ha ido mezclando con muchas otras respuestas o razones. Una de ellas tiene que ver con una intención de escribir sobre otra cosa. Estaba un poco cansado de algunos caminos que ya había tomado, entonces me puse a investigar en mis recuerdos lo que consumía en televisión cuando era chico porque fue por ahí donde  me enganché con viejas series de Ultra Siete y me puse a pensar ¿Por qué no escribir una historia de Ultra Siete y narrar cómo me influyó esa serie cuando era pequeño y cómo sintonizó con mis miedos de infancia? Así fue como logré identificar cómo los monstruos de Ultra Siete tenían que ver con los monstruos que me encontré en años posteriores. Yo creo que lo que me gustó de esa novela fue que me permitió buscar libremente en ciertos héroes del pasado y jugar con la cultura pop , cosa que nuestra tradición literaria no es muy pródiga por esto.

“Entonces yo nunca me hago la pregunta de cómo escribir bien, yo solamente escribo una historia, estoy atento en transformar todas mis experiencias para que las viva otro personaje”.

Hablando justo de la influencia de ciertos programas, ¿qué tanto crees que influyen los medios de comunicación en un escritor?

Quizás porque soy periodista tengo una capacidad profesional para distanciarme del ruido de los medios de comunicación. Si pienso que los medios de comunicación muchas veces forman parte del ruido y por eso no creo que nos influencien de tal forma que nos formen opinión. Aceptamos o no aceptamos delos que nos informan. A veces nos olvidamos que todo emisor tiene una determinada perspectiva del mundo y nos toca a nosotros como consumidores aceptar o no la información, pero más bien yo dejé que me influenciaran los medios, pero aquellos que consumí hace 30 años. No el ruido actual, sino recordar los comerciales del canal 7 en los años setenta, sus formas ingenuas de presentar la realidad y como a veces, esas series, como Ultra Siete, ese Japón del futuro en blanco y negro se parecía a la Lima de los años setenta. Entonces, los medios actuales, los que resuenan hoy en día no me influencian tanto, más bien me gustan colocarlo como telón de fondo, como persistencia porque quieras o no las radios y los medios de comunicación en general siempre nos están acompañando.

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¿Qué es lo primero que debe hacer un escritor novel al momento de empezar a crear una historia?

Yo creo que cada escritor tiene su propia respuesta y creo que suena muy pedante ponerse a dar consejos, pero forzado por tu pregunta (risas) creo que lo primero que hay que pensar es si realmente tengo algo que decir y por qué quiero escribir. No hay respuesta exacta para esa pregunta, pero tener cierto olfato para las historias y una cierta idea del porque no estoy conforme con las cosas que se me dan es un buen inicio. Fundamentalmente es la primera pregunta: “¿Tengo algo que decir?” O es más bien que “me fascina esta idea de ser escritor que además es un oficio que está pasado de moda y cada vez pierde glamur”, ¿no? Pero aún sobrevive y la verdad no sé por qué (risas) no sé por qué hay tantas personas que quieren ser escritor, pero tiene su encanto.

¿Hay algún libro que le recomendarías a aquellos que inician su carrera de escritor o un libro que a ti mismo te sirvió como inspiración para iniciar tu camino como escritor?

Uno va cambiando de libros como va cambiando de ropa. Los estilos te van cambiando y hasta como cambias de amigos. Los amigos que has tenido en la infancia no son los mismos de tu adolescencia o tu juventud, algunos si te acompañan toda la vida. Entonces, mis lecturas a los 18 años son totalmente diferentes a mis lecturas actuales, y hay novelas que me parecieron absolutamente iluminadoras y ahora me río un poco porque me resultan un poco ingenuas. Pero entiendo que a un chico le siga resultando fascinante Hermann Hesse, por ejemplo, y que lo lea fascinado. Me parece excelente porque esos autores te llevan a otros, te remiten a siguientes lecturas, entonces cuando alguien me pide que le recomiende un libro no suelo hacerlo porque siento que impongo un estilo y la lectura es algo muy íntimo, es como pedirle a tu papa que te compre ropa. A él le gustará una cosa, pero a ti te puede parecer que está en otro mundo.  Cuando me dicen que recomiende algo, trato de recomendar algo que le pueda servir a todo el mundo, por ejemplo, leer poesía china, que sirve para escaparte del ruido. Pero decirle a alguien tienes que leer esto es algo que detesto. Eso hicieron muchos autores de generaciones anteriores sin entender que a los jóvenes no les interesa o que quizás están en otra búsqueda.

Y que los influenciaban un poco, ¿no?

Sí, claro. Leerte a Vargas Llosa, a García Márquez o a Cortázar, que son autores oceánicos, que se apoderan de ti y te hacen creer que eso es la literatura te puede llegar a influir y pensar que tienes que escribir parecido. Eso es justamente un error de juventud, el dejarte influenciar y creer que hay formas de hacer literatura que otros ya han hecho cuando el chiste es inventarlas.

En una entrevista comentaste que El obsceno pájaro de la noche era uno de tus libros favoritos. ¿Por qué elegiste ese libro?

Siempre me ha gustado José Donoso, creo que es el autor más importante del boom y también lo elegí porque me identifico mucho con él, con su poco éxito, con su envidia a los demás. Me identifico con él porque es el más ser humano, el más común, el menos glamuroso, el menos exitoso, el que menos sonríe y me gusta ese tipo de escritores, como Onetti, por ejemplo, escritores que llevan su actitud literaria mucho más allá a la profesión de escritor sino que para ellos, la literatura es una forma de vida. Donoso me parece muy conmovedor además, es una persona asediada por fantasmas, una persona, creo yo,  incapaz de amar, que llevó su identidad sexual de manera culposa. Lo conocí en Buenos Aires y lo fui a visitar a Santiago. Tuve con él, obsesión de fan. Fui amigo de su hija, Pilar Donoso, que se suicidó. Donoso y su círculo me han fascinado siempre y sus novelas, más allá de sus personajes,  me parecen extraordinarias. Son formas de ver la realidad no solamente desde el fracaso como Negreiros, sino desde la absoluta anormalidad y eso a mí me gusta mucho, me parece muy perverso. Me gustan los autores que tienen una mirada perversa de las cosas y que más bien evitan la mirada normativa.

¿Qué escritores peruanos resaltan para ti?

Bueno, yo creo que todos los escritores de mi generación van a poner a Ribeyro como la figurita principal del álbum, porque fue nuestra primera lectura. Yo tengo clarísima la navidad de mis 14 años cuando me regalaron Las Prosas Apátridas, me fascina ese libro, son capsulas literarias perfectas y cuando yo escribo trato de emular un poco esa visión Riberiana de las cosas, desde el desencanto, pero también con una posibilidad de que haya esperanza. Entonces Ribeyro creo que es fundamental y luego vas descubriendo a otros maestros como Oswaldo Reynoso que también me parece un autor fundamental y un gran amigo y profesor que me ayudó mucho en mi primera novela, sentándose a mi lado e ir comentando línea por línea todos mis defectos.

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¿El fin de una buena historia es persuadir al lector?

La literatura fundamentalmente es la creación de una ilusión, la ilusión de un mundo de ficción y yo creo en una literatura que seduce al lector, que lo persuada y lo instala en un determinado mundo ficticio con unas reglas particulares y coherentes. Si es así, ese libro me entusiasma.

¿Qué preguntas debe hacerse un autor para elegir a un narrador, qué es uno de los elementos más importantes de una historia?

El narrador es un punto de vista. Imagínate estar en una manifestación ¿En dónde te colocas? De repente como periodista, cuál sería el punto de vista para ubicarte y narrar lo que estás viendo. Porque no hay punto de vista ingenuo, inocente. Tú te colocas donde crees que están aquellas cosas que te interesan. Y eso no es neutral. Te interesa estar al lado de la policía, te interesa estar al lado de los manifestantes, del lado de las víctimas, del lado de la persona que ve todo desde el piso 20. O te interesa tener una suma de todas estas perspectivas. Yo creo que es elegir tu ubicación frente al mundo. Elegir el narrador no es solo una cosa técnica, es reflexionar donde tú te ubicas también del lugar donde vives.

¿Crees que el ser periodista de profesión le ha ayudado o le ha dificultado su camino como escritor?

Lo gracioso es que tengo 20 años trabajando en periódicos y he intentado siempre, cuando escribo, apagar el switch del periodista porque son dos procesos totalmente distintos escribir literatura y hacer reportajes en prensa. Fundamentalmente, en mis clases siempre lo digo, el periodista escribe sobre lo que sabe y el escritor sobre lo que no sabe que sabe. La escritura es un camino de conocimiento y de autodescubrimiento también. El periodista está lleno de fórmulas, sabe detectar inmediatamente los conflictos, cuando está contando algo, sabe que preguntarle a un personaje y la velocidad es su virtud. Yo creo que el escritor está en la antítesis de todo eso. El escritor muchas veces avanza tanteando, tiene que olvidarse de las preguntas que había utilizado en un proyecto anterior y utilizar unas nuevas. El escritor, mientras más lento va, yo creo que más satisfecho debe sentirse, entonces, muchas veces siento que el periodismo me da muchas posibilidades para vivir experiencias, para conversar con gente interesante, para oír historias que de otra forma no podría haber accedido, y a veces eso termina nutriendo un proyecto literario, pero que mi oficio periodístico ayude al oficio literario, creo que para nada, es más evito, a veces no debería ser tan injusto, pero evito que se toquen. Siento que he tratado de mantenerlos en líneas paralelas, pareciendo, hoy en día, contra la corriente porque hay tantos periodistas y escritores que quieren escribir auto ficción o no ficción, etc. Yo trato, quizás soy un poco de la vieja escuela, trato que ambas partes no se toquen.

“Siento que el periodismo me da muchas posibilidades para vivir experiencias, para conversar con gente interesante, para oír historias que de otra forma no podría haber accedido, y a veces eso termina nutriendo un proyecto literario”.

En el caso de Kimokawaii, el protagonista es un periodista cultural. ¿Piensas que mientras más se identifique el escritor con su narrador se hace más fácil narrar una historia?

En Kimokawaii me serví mucho de mi propia experiencia, porque sí quería escribir sobre un periodista cultural y de sus experiencias. Pero en la novela pasa una cosa muy curiosa, parte de una forma muy realista de contar la historia. A medida de que estamos muy cerca de este periodista cultural, en que se va descubriendo al personaje femenino y va siendo seducido por ella e inevitablemente embarcado en una aventura de una revista de manga, el mundo como lo conocía empieza a transformarse y la novela se transforma en algo que no es 100% realista y creo que a veces lo más interesante es lo que está en las cabezas de las personas más que la realidad. Entonces mi experiencia si me sirvió para escribir la historia de este periodista cultural pero eso es solo un pretexto para meterse en una historia que no sabía hacia donde me iba a llevar. Hay muchas cosas que le pasan a este periodista y sus puntos de sostén se van soltando rápidamente. Son esos espacios de seguridad los que yo conozco pero lo bonito era irlos dejando.

¿Tú crees que cualquier persona puede convertirse en un buen escritor?

Yo creo que cualquier persona puede hacerlo y esto aplica para toda profesión. Ya es un asunto de hasta dónde te lleva tu obsesión para que tu literatura se imponga y convierta lo que tú quieras hacer, en una obra trascendente, que creo que es lo que todo autor busca ¿no? Sin obsesión, sin pasión, sin dedicarle toda la vida a lo que estamos haciendo no vamos a salir de una actividad amateur. Por supuesto que todos podemos escribir, pero aquellos escritores que amamos son aquellos que han vivido de una forma literaria, los que han cultivado su obsesión por la literatura. Un artista con obsesión, en cualquier lenguaje que trabaje, artes visuales, escénicas o literarias no trasciende si no tiene obsesión por su trabajo. Y la obsesión nos puede llevar a la locura pero por lo menos  locura no pido pero si obsesión.

Con la experiencia que tienes enseñando, ¿cuál crees que es el error más común de los escritores nóveles?

Yo creo que el error más común que todos comentemos tiene que ver con una cuestión de actitud. De nuestra actitud frente a la palabra y esto siempre se los he dicho a mis estudiantes, como nos relacionamos con la palabra cuando creamos literatura. Pensamos que hay palabras literarias, porque suenan bonito o porque las hemos leído o porque las dice la gente culta y nos impresiona. Nos dejamos impresionar por ellas y entonces cuando comenzamos a escribir, balbuceamos toda esa jerga pseudointelectual que creemos bella y lo que hacemos realmente es un texto que lo que hace es mostrar un cierto detritus artístico. Palabras que creíamos bellas pero cuando las ponemos una al lado de la otra, en nuestra obsesión de creer que estamos haciendo literatura porque estamos utilizando palabras literarias, nos sale una cosa absolutamente falsa. Creo que en el taller en donde enseño, lo que más trato de convencer a la gente que me tiene paciencia (risas) es a entender que no existen palabras literarias, sino simplemente palabras y que las palabras brillan en los contextos en que las ponemos. Las palabras más ordinarias pueden tener belleza y que está en nosotros, despojados de vanidades y de retenciones, tratar de contar una historia con un mundo de palabras que responda a los personajes de esa historia. Escuchar a los demás, escuchar a ese personaje que no habla literatura, sino que tiene una vida que explicar y con qué palabras voy a desarrollar su vida, tienen que ser aquellas justas y necesarias que me exija la historia que estoy contando. Ese es el primer chip que uno tiene que transformar. Nos llenamos la boca de Borges, por ejemplo, pero cuando leemos los cuentos de Borges, hay cuentos que son transparentes totalmente en su construcción, ¿no? Y ahí está latiendo la vida en su estado más salvaje y en ese salvajismo está su belleza.

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