Columnas

“Estreno”, por Federico Abrill

ESTRENO

¿Se puede tener una obra de teatro completamente lista? Y pienso en la dramaturgia. Arthur Miller escribió “Muerte de un viajante”, obra que lo consagraría como el dramaturgo contemporánea americano más importante de su época. Al presentárselo a Elia Kazan y los productores, el grupo pensó que quizás no era lo suficientemente clara para resolver enigmas de la construcción dramática que presentaba.

“Muerte de un viajante” cuenta la historia del viejo Willy Loman que ante un posible accidente se ve en el dilema de continuar su trabajo de vendedor de pueblo en pueblo. Su familia depende de él, incluyendo sus hijos mayores. Sin embargo, descubrimos que entre las relaciones de los personajes se esconde los milagros y desgracias del padre de casa y aquellos lecciones que ahora aprendidas han marcado la vida de todos los involucrados.

La historia salta en tiempos, del presente al pasado sin mayor información. La fantasía y la realidad comparten una línea muy endeble y a medida en que la obra se ahonda en la tragedia del viejo Willy, la obra demanda mucho esfuerzo del espectador. Elia y su equipo estaban preocupados que el cómodo público neoyorquino de 1949 no pueda con esta propuesta.

Los productores y Elia pidieron reescribir la obra de forma que la forma en contar la historia sea más accesible y así la historia se contara sin mayor esfuerzos. La lectura ya estaba programada. Miller era ya un autor solvente.  “Todos Eran Mis Hijos” había sido un éxito en Broadway. Sabían que en sus manos una reescritura resolvería la duda. Sin embargo, no lo hizo.

Simplificar la forma desordenada de la historia lo convirtió en una pieza más simple. Miller tenía razón con su propuesta anterior, la que finalmente se montó. Sin embargo, este ejemplo es extraordinario.

La mayoría de autores americanos pasaban por procesos de curadoría de sus textos. En algunos casos eran re escritos por script doctos o los mismos directores. Tennessee Williams al trabajar con Kazan en el montaje de Broadway de “Gato en el Tejado Caliente” sintió que el final carecía de forma. (SPOILER ALERT)  Para Williams, la obra terminaba con Maggie, la joven esposa tomando las riendas de su propio matrimonio a pesar que su joven esposo, Brick no está interesado en ocultar la identidad de su verdadero amor (que ahora está muerto, muerto en masculino para ayudar un poco a entender la situación). Maggie trata de “tener un hijo” ante un alcoholizado y confundido Brick.  Para Kazan este final no solo era atrevido si no que carecía un poco de la forma para contar la historia y resolvió en algo más armonioso por así decirlo, dándole un poco más de luz al personaje de Maggie sin cambiar toda la obra. Maggie ya no era tan forzosa con Brick y finalmente el joven esposo entendía la importante de tener un heredero para mantener las apariencias y la fortuna de su familia.

Williams estaba en total desacuerdo. Para él, Maggie era una aprovechadora. El final era contundente. Pero Kazan –el mismo director de Miller– le dijo que para su montaje ese era el final que usaría. Williams reescribió la pieza. Y esa misma reescritura se mantuvo para la versión fílmica que tomó más libertades sobre la propia obra bajo el permiso de un Williams furioso cambiando al Brick confundido por un amor prohibido por un Brick doloso por la muerte de su mejor amigo.

Williams se molestó tanto en este proceso que cuando se pensó en publicar la pieza, él exigió lanzar dos versiones. La versión de Kazan y su propia versión. Algo nunca antes visto pues una vez presentada la obra en Broadway, la obra se publicaba tal cual. Con el tiempo, esta obra se ha reescrito y revisitado varias veces. La mayor razón: el viaje de Maggie y el final. Sin embargo, esta pieza es tan montada como estudiada como “El Tranvía Llamado Deseo”, obra que nunca cambió inclusive en las manos de Kazan.

Kazan en sus dos extremos. Un director americano clásico interviniendo dos piezas de teatro emblema. La diferencia: dos autores demostrando desde lo escrito que su pieza está terminada con dos resultado distinto. Ni uno mejor ni uno peor. Sacar conclusiones que una es mejor o peor es demás. Pero me parece que contar una como un éxito de los dramaturgos de no cambiar nada cuando nosotros consideramos que está en lo correcto me parece peligroso. Porque en ambas anécdotas se rescata algo: el autor siempre reescribió. A regañadientes. Pero lo hizo. Por el montaje. Por el público.

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