Exposición bipersonal: “DOBLE FANTASMA”

Un despliegue de efectos lumínicos, juegos de sombras, reflejos, colores y formas revelan el interior de una maquinaria artesanal, dan sentido a la propuesta de los artistas Álvaro Icaza y Verónica Luyo en su segunda exposición bipersonal denominada Doble fantasma.

En este proyecto, ambos exploran la imagen en movimiento y su relación con lo sonoro. Para esto construyen un conjunto de artefactos  que  proyectan un rango de posibilidades de percibir lo lumínico: de la sombra a lo fotográfico, de lo cinemático al video, de lo cromático al sonido.

Doble fantasma es una suerte de laboratorio perceptual de Álvaro Icaza y Verónica Luyo formado por dispositivos mecánicos y digitales que proyectan las imágenes y amplifican los sonidos de su propio funcionamiento y de su manipulación” explica Max Hernández Calvo, curador de la exposición.

La muestra estará abierta hasta el 29 de octubre en la Galería ICPNA San Miguel (Av. La Marina 2469). El horario de visita es de lunes a sábado de 11:00 a.m. a 8:00 p.m. El ingreso es libre.  

Sobre los artistas

Álvaro Icaza (1982) y Verónica Luyo (1978) estudiaron pintura y escultura respectivamente en la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Católica del Perú. Ambos continúan su formación en la Universidad de Barcelona y luego realizan estudios de posgrado en la Universidad Autónoma de Barcelona y el Programa de Estudios Independientes del MACBA correspondientemente. Durante este período trabajan individualmente y como colectivo al igual que en colaboraciones con otros artistas.

En los últimos años sus proyectos se han relacionado a la idea de margen o frontera, como espacio entre categorías y donde suceden procesos de transformación. En su  investigación abordan procesos experimentales relacionados a la percepción  que los ha llevado recientemente a trabajar entre lo visual, sonoro, táctil y cinético; apuntando así a una reflexión sobre el funcionamiento de los sentidos y la posibilidad de establecer puntos en común entre manifestaciones de distinta naturaleza.

Su primera exposición bipersonal “Explorando el espacio vacío intermedio” la realizaron en el Centro Cultural de Bellas Artes de Lima en el año 2013.

Galería ICPNA San Miguel (Av. La Marina 2469, San Miguel)

Hasta el 29 de octubre

Horario: Lunes a viernes de 11 a.m. a 8 p.m. Ingreso libre.

Texto de curador:

“Doble fantasma” es una suerte de laboratorio perceptual de Álvaro Icaza y Verónica Luyo formado por dispositivos mecánicos y digitales que proyectan las imágenes y amplifican los sonidos de su propio funcionamiento y de su manipulación.

Un despliegue de efectos lumínicos, juegos de sombras, reflejos, colores y formas revelan el interior de una maquinaria artesanal que, en el proceso, distorsiona sus secretos. Ello ocurre a nivel visual, con el cambio de escala en la proyección, la síntesis de las siluetas y la superposición de formas, y a nivel auditivo, donde un sistema de sensores, micrófonos y parlantes modifica los sonidos de sus de partes en movimiento para convertirlos en una suerte de música abstracta.

Estas proyecciones y sonidos constituyen un doble fantasmal de los objetos cinéticos que los producen pero también son, a su modo, una reinterpretación de sus referentes históricos: el cine y la fotografía—vía sus antecesores como la linterna mágica y la fantasmagoría—, el laboratorio (en clave DIY) y el arte experimental (cinético, óptico y especialmente lumino-cinético).

Pero este doble al que los artistas aluden también es aquel que toda representación entraña: el objeto y su representante, en este caso, la huella de su presencia: un reflejo, una sombra, una silueta, un ruido—figuras espectrales, en cierto modo—.

Cabe recordar que todo doble impone una crisis de identidad, resumida en la cuestión ¿cuál es el verdadero y cuál el doble? A la par, todo fantasma supone un regreso (desde el más allá al mundo de los vivos de donde venía). Quizás, en ese sentido, el “doble fantasma” de Icaza y Luyo señala el retorno de una crisis relativa a nuestras relaciones con las representaciones, es decir, el valor que les asignamos, su sentido, utilidad, veracidad, efectividad, legitimidad y fiabilidad.

El nexo entre representación y objeto (o significante y significado) es postulado como una pregunta. Por ello estas máquinas generan espectros de sí mismas sin revelar los rasgos específicos de sus mecanismos, apenas intuidos en las imágenes.

Pero Icaza y Luyo van más allá de ello porque su instalación transforma nuestra percepción del espacio en el que nos encontramos junto con sus dispositivos cinéticos. En otras palabras, dado que nuestra presencia afecta este escenario de luces y sombras, los artistas remarcan que nuestras posibilidades de distinguir representación y objeto están comprometidas por las condiciones desde las que establecemos nuestro punto de vista. Y aún reconociendo la imposibilidad de certificar esa diferencia, estamos arrojados a la necesidad de decidir, es decir de interpretar.

En tal medida, estas proyecciones, con todas sus indeterminaciones (desenfoque, parcialidad, distorsiones, ecos, etc.), operan como una pantalla sobre la cual “proyectamos” nuestras experiencias previas para poder dar sentido a lo que vemos y oímos. Y esas experiencias son, irremediablemente, las de tantas otras imágenes, tantos otros dobles, tantos otros fantasmas.

Álvaro Icaza y Verónica Luyo reconocen así la inevitabilidad de las seducciones de la imagen y sus ficciones fundacionales, señalando simultáneamente que ilusión y revelación son dos aspectos indesligables de la percepción misma.