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“Hablemos de teatro colaborativo I”, por Diego La Hoz

Es importante observar ciertos términos que van acompañando las tendencias de las nuevas teatralidades. En el Perú, sobre todo, nos llegan desfasados o malentendidos, por la misma ausencia de investigación que bien refleja el mediocre sistema educativo de nuestro país. Crisis que nadie puede negar. Seguimos hablando de creación colectiva o teatro de autor como figuras hegemónicas, cuando hace rato que estos términos responden a otras épocas y, en muchos casos, ni siquiera corresponden a su correcta aplicación orgánica. Hablemos de Teatro Colaborativo.

Haciendo un rápido mapeo del teatro Latinoamericano, y como resumen medular de los últimos cuarenta años del siglo pasado, notamos que en las décadas del sesenta y setenta hubo un cambio fundamental para el teatro. Se había roto la supremacía del texto como obra acabada, alrededor del cual giraba todo el proceso de creación. Lo colectivo marcaba la pauta. Por lo tanto, era necesario agruparse para investigar, y mirar más allá de lo convencional y preconcebido. Recordemos además el impacto que produjo la llegada de Brecht y Boal como presencias movilizadoras del ejercicio crítico y confrontacional. Luego, en los ochenta y noventa, el teatro revaloró el rol del director como creador de la escena. En general, son los roles los que platean el nuevo ordenamiento del conjunto escénico. La investigación se centró en la plástica y la artesanía del individuo. El actor era un mecánico repetidor de figuras escénicas. De algún modo, se buscó recuperar la visión tayloriana de la máquina que podía ser observada y desarmada para su estudio fragmentado. Eso observa claramente en la escritura dramática.

De estos dos momentos se desprende el Teatro Colaborativo propio de nuestro siglo XXI y por lo tanto en estudio. Podríamos decir que es una (re)visión del teatro colectivo y del “rol” escénico como dinámica para el encuentro. Una jerarquía de equipo creadora. Una autoría compartida que no se organiza en función de una figura individual o de un texto escrito. Esto no quiere decir que no exista un director, un actor o un autor. El Teatro Colaborativo es una forma de revalorar y reafirmar el trabajo en equipo para producir la escena. Es la frontera donde converge la diversidad y donde todo puede ser útil si se orienta desde la reflexión y la autocrítica. Este sistema solo puede funcionar desde una grupalidad articulada dispuesta a la confrontación y luego a los acuerdos. Profundicemos un poquito más. 1) La confrontación es el espacio en donde las ideas se exponen con claridad y fundamento respecto del proceso creativo que se quiere o de la gestión que se va a emprender. No necesariamente es el director el que toma esta iniciativa. Los roles horizontales permiten el diálogo. A este lugar de confrontación se debe volver permanentemente. 2) Los acuerdos son la consecuencia de este espacio de confrontación. Son aquellas convenciones que permiten darle concordancia a los elementos que van a ser parte, o son, de todas las instancias de la creación. Los acuerdos deben ser consensuados desde una reflexión oportuna y formarán parte del carácter esencial del grupo.

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