La Primera Lectura

Un proyecto. Una reunión. Leer el texto para escuchar la voces, mirar las caras y compartir la energía de todos los involucrados. Una sola misión. En una sesión de tres horas terminar de leer la obra.

Sin embargo, ese momento es mucho más de lo que parece. Una primera lectura te puede dar guiños de lo que la obra  y/o lo que el grupo humano que se ha escogido necesita. Si será un éxito de público o una felicidad para el equipo hacerla. Si tendrá sentido invertir un tiempo considerable en ensayos o si será mejor guardarla en el cajón de proyectos.

En mi opinión, no hay obra de teatro terminada hasta la última función de una temporada. Las obras crecen con el elenco, con el director, con el público y hasta a veces, he visto una obra crecer con un técnico que tiene mucho pulso al soltar una atmósfera sonora – de pronto –  que te sorprende. Para mí, una obra finalmente es un conjunto de factores que suman a la experiencia de lo que está escrito en el papel. Y digo para mí porque las posturas sobre la dramaturgia son muy amplias. Sin embargo – lo indiscutible – es el rol de la historia dentro de la obra.

Una primera lectura te muestra lo que la obra es y lo que no es. Y depende del ojo, oído y percepción de todo el equipo de entender la ruta que se abre luego de terminar de leer la última página. A veces la obra crece con sus lectores, a veces la obra se achata. Sin embargo, cualquier movimiento, cualquier risa y cualquier gesto  se vuelven premonitores de cómo será la reacción del público una vez finalizada la primera función.

Ayer tuve una primera lectura de un proyecto que tiene ocho meses de escritura. La obra ha ido escogiendo actores sin querer. Ha ido cambiando elenco. A veces por mi culpa. Porque decidí cambiar el personaje y de pronto, la energía del actor ya no era apropiada y tuvimos que contarle que no podrá estar en el proyecto. La culpa de mi creación fue demasiado grande.

La obra era un comedia simple y terminó siendo dos obras en una con dos estilos distintos y canciones. La obra era un encargo y hoy es probablemente un regalo para mí. Ayer al final de la lectura, nadie podía parar de reírse de las ocurrencias que había en el texto. Ya sabía que iban a ser graciosas, lo que no sabía es que iban a ser tan anecdóticas. La obra ya no es mía, es de todos los actores involucrados en la lectura.

Es por eso que creo es tan difícil como dramaturgo tener una primera lectura. Es porque deja de ser tu obra. Es la obra de ellos. Pasan por sus oídos. Pasan por su cerebro como ideas. Pasan por su inconsciente. Y se convierte sin querer, parte de ellos y tú pierdes el control. Deja de ser tuya. Y comienza a crecer. Como un hijo. Por suerte, en esta ocasión, siento que está en manos muy responsables.