Columnas

“La vida como un circo en los cuentos de Valdelomar y Ribeyro”, por Jesús Santivañez Valle

Abraham Valdelomar y Julio Ramón Ribeyro son los dos grandes de la cuentística peruana, quienes cultivaron el talento de sus maravillosas plumas en diferentes contextos históricos de nuestro país. Existe en la producción artística de ambos escritores, cuentos tristes que conmueven a la sensibilidad del lector. Relatos como El hipocampo de oro o El vuelo de los cóndores de Valdelomar y Al pie del acantilado o Fénix de Ribeyro; bellas narraciones que acarician a la fibra humana que se estremece ante la crudeza de la pobreza, de la precariedad, de la necesidad que sufre el ser humano cuando siente que le hacen falta los bienes materiales y también los espirituales, con los cuales la existencia podría ser más llevadera.

Es interesante señalar que los dos cuentistas ostentan piezas narrativas que evidencian muchos puntos en común. Cuentos que a través de diversos y originales tratamientos, propios de cada estilo en particular, se diferencian entre sí y se constituyen en obras de arte, erigiéndose a toda justicia como clásicos dentro de nuestra literatura peruana.

En El vuelo de los cóndores se presenta una atmósfera familiar en el pueblo costero de Pisco. Pasividad que se ve trastocada por la llegada del circo. Gracias a la aguda percepción y al entusiasmo del pequeño Abraham, el lector se asombrará ante la majestuosidad de la comparsa que se desplaza por las calles del pueblo como preludio al espectáculo central. Estimulada su fantasía, el niño acude junto a su familia a presenciar la función. Sin embargo la repetición de una de las acrobacias en trapecio – número anunciado con majestuosidad como “El vuelo de los cóndores” -, se constituye en un acto ejecutado por Miss Orquídea que termina en tragedia. Días más tarde, el niño se encontrará con la desventurada muchacha y la contemplará entumecida e indefensa, sentada en un sillón sobre la terraza de una de las casas que dan a la orilla del mar; entonces se cruzan sonrisas con cierta inocencia y complicidad y en el silencio de la ausencia de palabras se vuelven amigos, sucediéndose repetición de tal estampa durante las jornadas siguientes. Melancólica es su despedida cuando ella tiene que partir y desde la lejanía del vapor que los separa, su manita se pierde levantando en lo alto, su pañuelo en un gesto triste de adiós.

En este cuento se respira una melancolía de amor tierno y romántico que proviene de la piedad y compasión desde la perspectiva de un niño que es mero espectador del abuso cometido hacia un ser indefenso. Esta tristeza va acompañada por la galantería propia de un circo que es descrito como magnífico espectáculo con sus luces, lentejuelas, alborotos y fanfarrias. Pero, qué es el circo, sino el reflejo de la vida con sus fantasías, sus mascaradas, sus alegrías, sus frustraciones y sus sufrimientos. El símbolo de la comedia humana en donde no somos más que simples marionetas sometidas a los caprichos y vaivenes del azar.

Y es que la suerte de Miss Orquídea es tan inconsistente y su vuelo, tan efímero y sus alas, tan débiles que terminan siendo cercenadas por el filo cruento de la realidad. Y esta tragedia repercute en el niño Abraham, quien ve volcado su mundo, estimulado y lleno de ilusión ante la belleza aparente del circo, que en verdad no es más que un vil engaño, pues la niña es explotada por sus mayores y sufre las consecuencias de los actos de quienes deberían de protegerla. Abraham le acompaña en el dolor, pues aunque no se mencione de manera literal en el cuento, se identifica con ella y se percata de sus diferencias: él, niño de una clase acomodada en el pueblo, siempre goza del apoyo de sus familiares que le quieren para bien. Nótese también que este hecho le marcará en su vida y le ayudará en su desarrollo hacia la consciencia y madurez en el dolor de un primer y doloroso amor.

En Fénix también se presenta el circo, pero observado en multiperspectiva, estos es, desde diversos monólogos por parte de los integrantes del espectáculo: del enano, de Fénix el fortachón, de Irma la contorsionista y de Marcial, el dueño explotador del circo, y también por parte de los militares que constituyen el grueso del público espectador. Además, en este cuento se presenta el amor, pero un amor ya golpeado por la existencia y por ello, ya sin rezagos de romanticismo, sin embargo ese amor no es el centro de atención. En contraposición al circo del anterior cuento, en Fénix la parafernalia es decadente, pues se trata de esos circos de barrio en donde no hay dinero ni para alimentar a los animales y donde los payasos se agarran a golpes e insultos para hacer reír al público que ha llegado al espectáculo porque no tienen nada más que hacer por la vida y desean olvidarse de los sufrimientos de explotación a los cuales son expuestos a diario.

El acto central es la pelea entre Fénix, el fortachón, contra Kong, un viejo oso desnutrido. Sin embargo, el animal ha muerto y por este motivo, Fénix tiene que enfundarse en un pellejo de oso y en su papel de bestia, fingir una pelea contra Marcial y dejarse someter en manos del jefe abusivo. Recibir golpes bajos, patadas, puñetes y demás humillaciones y no responder, esa es su tarea en el espectáculo. Seguir su papel de sometimiento para ganarse la vida. Mas en plena función, el fortachón Fénix no cumple con el libreto y se deja caer encima del jefe para que con el enorme peso de su humanidad, terminar asfixiándole. Es entonces que tiene que huir hacia la jungla, ya que los militares armados temen que aquel oso mate a las demás personas. Con incertidumbre, Fénix se interna en la selva que le hace sudar en demasía y le debilita, pero a medida que va avanzando siente energías que le estimulan, se torna vital al gozar de plena libertad.

Ribeyro con la dureza de este cuento social también presenta al circo como símbolo de la vida. Vida en la que las esperanzas por labrarse un futuro mejor se han ido apagando por causa del sistema capitalista. Resaltan personajes parias como el enano, Irma la contorsionista y Fénix el fortachón,  seres que han perdido todo en la vida y quienes por diversas circunstancias llegaron a caer en manos del explotador Marcial, quien los humilla y gentes – el público -, quienes se olvidan de sus penas, viéndoles sufrir. Pero es Fénix el personaje principal que rompe sus cadenas y no cumple con el mandato impuesto por el sistema imperante, quien no sigue el papel al que el poder le ha sometido. Aunque tenga que huir, se siente con energías para emprender una nueva aventura en su existencia. Es el Fénix que todos los hombres deberíamos de hacer resucitar de nuestras cenizas, ya que vivir ultrajados por sistemas de mandatos injustos no constituye nuestra verdadera naturaleza.

Y es que en esencia, estos dos cuentos con sus particularidades nos muestran al circo como reflejo de la vida en sus injusticias y vicisitudes. Cada relato con sus signos de humanidad trata de transmitirnos un mensaje que nos libere de las caretas y las cadenas que la sociedad nos ha ido imponiendo en su largo camino por domesticarnos. En la pluma de ambos escritores, El Conde de Lemos y El Flaco, podemos percibir el afán por constituirnos en una sociedad en donde la transparencia prime por sobre los disfraces engañosos del circo y en donde todos y cada uno, nos despojemos de esa aparente comodidad de espectáculo y falsa celebración que en realidad no es más que un mero espejismo de circo.

Lo más leído

Subir