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Pierre Castro: “Decodificar el lenguaje escrito obliga a un trabajo intelectual superior: nada superará a las letras” [ENTREVISTA]

Cuando Pierre Castro terminó la universidad se sintió bien, pero al enterarse que su cuento fue premiado y publicado en una antología junto al de otros autores, fue feliz. Dejó la publicidad y se metió en la literatura. No se equivocó: los libros y la escritura sí llenaron su vida. Hoy trasmite su pasión y experiencia en un salón de clases. No tengan dudas, es el ‘profe’ más divertido del Perú.

Por: Rodolfo Serna Saona
Fotos: Carlos Gonzáles

Ni el cáncer de pulmón ni la censura: el enemigo capital de un escritor es una mente en blanco. Sin embargo ese vacío sería útil para los aprendices de literatura básica, innatos de la era digital: encontrarán en los libros lo que falta en la web o en sus vidas. A ese desafío, el de crear libros y guiar libretistas, se enfrenta a diario Pierre Castro Sandoval (Trujillo, 1979, bohemio confeso). Al acabar el día lo que resta de él es su buen humor.

<Miré hacia abajo. Había un libro de autoayuda tirado en el suelo. No tenía la tapa y se veía el índice con la lista de capítulos. El primero decía así: “Usted puede aprender a ser una persona normal>.

Aunque este sea el fragmento de unos de los cuentos autobiográficos apilados en su libro Un hombre feo, marca distancia ante la ocurrencia de atribuirle la propiedad de aquel ‘manual’ de vida. ‘Me acuerdo que ese libro estaba en mi jato pero no, no era mío, yo no compré esa huevada’, se sacude Castro, con la misma fuerza con que evidencia sus razones: ‘En la literatura hay un trato de la palabra que apunta hacia la belleza. En cambio un libro de autoayuda no busca ser bello, sino funcional, ayudarte a solucionar algo, y puede que lo hagan, pero la palabra se convierte en algo utilitario. En la literatura es el fin mismo, la estrella. Pero aquí veo a la palabra pasar de ser rey a esclavo, y eso me cuesta, me molesta’.

El fastidio pasa a risas. Rabia, melancolía, la sensación acabando la charla es que todos sus estados anímicos siempre desembocan en jolgorio, de alguna u otra forma. ‘Cómo ganar un millón de dólares huevón (risas)…tienes que chambear pues ¿no?, no hay otra forma de ganarlos. A veces me parece que muchos libros de esos dicen cosas que la gente ya sabe, y tienen éxito porque a la gente le gusta que le reafirmen algo que ya sabe. No siento que hagan ‘crack’ al cerebro como si lo hace la literatura, que te cuenta cosas por las que dices: ‘puta nunca había pensado en esta huevada’.

Una terraza en Marbella que contemple el Mediterráneo; una habitación cinco estrellas acorralada por colinas verdosas en el Valle Sagrado de los Incas o la mesa exterior de un café parisino son solo algunos de los ambientes que resultarían placenteros para sentarse a escribir y olvidarse de todo. Aunque tuviera la posibilidad de elegir, Pierre se queda con un solo lugar en el mundo.

‘No podría irme de Lima. Me inspira literariamente, no sé, necesito estar en contacto con la gente. No me veo escribiendo una novela en la sierra del Perú, aislado, dejar de sentir el ruido de la calle, o no ver a mis amigos, pero saber que están allí chupando entre ellos, me recuerda quién soy, creo. A veces he ido a Talara y allí no puedo escribir de la misma forma que acá porque siento que algo se me desconecta, como que se me apaga el monitor’.

Si el copioso clima capitalino conforma el hábitat, su departamento es esa área natural donde descarga sus ideas. El piso que renta ahora -en el inmejorable Barranco para sus bohemia vida- nos recibe con la sublime melodía de Chet Baker: elemental integrante, junto a Charlie Parker, de la banda sonora que musicaliza esa dimensión literaria a la que el rizado cuentista entra y sale, tantas veces que hasta a veces olvida distinguirlas. En ese Dream Team de melómanos no convocaría nunca a Ricardo Montaner; pues ‘me pondría a cantar como loco y no escribiría nada’. Al final, ya con menos auto presión se relaja en The Smiths y Nirvana, aunque en sus reuniones de camaradería nunca faltarán los que alteren el orden: ‘la electrónica es algo con lo que nunca he sincronizado. Me produce atemporalidad pero hacia el futuro; una época que no comprendo. La música en general la asocio a un sentimiento y la electrónica la siento más cerebral y no me produce ningún efecto emocional, y eso me perturba un poco. A muchos les produce emociones fuertes, pero no está hecha para mí’.

En su sala destacan dos cosas, precisamente las que considera básicas para cerrar contratos inmobiliarios: a) ventanas amplias por donde mirar edificios, calles y peatones, y a las que adjuntará su escritorio y computadora; b) una barra, también larga como las ventanas, como única frontera material entre la sala y la cocina; así disfrutará simultáneamente de otras de sus pasiones: cocinar y charlar con sus amigos; directamente, sin paredes ni coladeras en medio. Alguna vez detalló –en su desaparecida columna en un diario local- que cocinar es como escribir: un arte de cortar, sentir y medir palabras, y en el que al final ‘siempre hay alguien que recibe esa historia tibia y puede llenar, con las palabras que tú escogiste, un pequeño vacío interior’.

Pierre Castro / Café Society©

¿Cómo defines tu estilo narrativo?

Un hombre feo era un libro adolescente, en él aprendí a ser anecdótico y divertido. Sentía que debía ser contado con ese tono. He tenido una lección bastante importante en la literatura: cuando uno escribe tiene que encontrar su propia voz para contar un historia. No hay una forma de escribir literatura: no hay que copiar a Joyce o a Faulkner, salvo aprender cosas de ellos, pero no hay que copiar las palabras, no hay palabras literarias. Mi voz es súper cercana a mi forma de hablar coloquialmente. Espero que tenga también algo de poesía, pero no tengo temor de usar jergas. Se puede ser filosófico o intelectual con el lenguaje coloquial. Por ejemplo La Maga en Rayuela (Julio Cortázar, 1963), una chica normal que no era muy instruida, pero de pronto soltaba un comentario que les revolvía la cabeza a todos.

¿Qué personajes y temas te motivan?

Me motiva bastante la nostalgia, la idea de que las cosas se nos van a pesar que intentemos retenerlas. Me encanta el tema del paso de la infancia a la adultez, por eso supongo que me encantaban series como Los años maravillosos. Me gusta mucho la adolescencia, tal vez porque no la viví plenamente e intento recuperarla cuando escribo. Me gustan los personajes que se preguntan cosas, que aunque su vida sea rutinaria, todo eso lo maquine, lo reflexione. No me gustan mucho los personajes que hacen cosas para afuera; pero prefiero escribir sobre personajes introspectivos, por eso a veces los mando (a mis alumnos) a leer El guardián entre el centeno (JD Salinger, 1951), y ellos me dicen ‘profe, pero en su libro no pasa ni mierda’. Yo les digo claro, aunque me parece que sí hace cosas porque está en Nueva York; va a un hotel y pide una puta, se pelea, va a chupar. Pero en lo general todo lo paja es que el huevón está pensando todo el tiempo: por qué la gente es así, por qué no lo quieren, por qué tiene que trabajar como todo el mundo.

¿Cuánto de ficción y cuánto de realidad hay en tus obras?

La forma como yo empecé a escribir fue un poco corrigiendo la realidad. En mis historias recreaba toda la fiesta de mi colegio: el lugar estaba allí, mis amigos estaban allí, la chica que me gustaba estaba allí. Y lo único que cambiaba en el cuento era la forma cómo me comportaba con ella y cómo ella se comportaba conmigo, que era como corregir ese fragmento de la realidad. Empecé a escribir supliendo algo que la realidad no me daba, que era por lo general contacto con las chicas. Me acostumbré a escribir desde mi propia biografía.

¿Cómo te documentabas para recordar tu adolescencia, la que contaste a través de ‘Orientación vocacional’?

Me iba a mi colegio –San José de Monterrico- y me sentaba en la puerta. Intentaba acordarme cómo era todo. Hice tercero, cuarto y quinto de secundaria allí, y fue, a diferencia de los años anteriores en el norte (del Perú), la época en que todo se revolucionó para mí. La historia de mi colegio de Talara era como de la familia Ingalls, en cambio acá en Lima fue como más salvaje, más locaza.

Cuéntame sobre tu etapa universitaria, de la que nunca has hablado mucho

Recuerdo más la etapa romántica, ya que allí tuve mi primera novia. También ir a la rotonda, que eran unas ruinas que luego desaparecieron; y nos sentábamos allí a pasar horas y horas después de breaks. Y en ese lugar se sentaba Juan Manuel Robles (Lima, 1978), el escritor, quien por entonces usaba una cola y le decíamos ‘Silvio’ porque andaba con su guitarra todo el día y tocaba Silvio Rodríguez. Él me enseñó a tocar guitarra y canciones de Silvio y Sui Generis y fue importante porque me dio una forma de aliviarme.

Ya que lo mencionas, para él la parte grata de escribir y publicar novelas es el reencuentro con viejos amigos y conocer personas, pero con respecto a lo demás, y cito: ‘es un proceso de excavación, de soledad, de aislamiento, de alteración psicológica, que además te roba tiempo y vida’.

Cuando hice ‘El río’ -cuento ganador del Copé de Plata en 2013-, tenía como 30 páginas en bruto y al final salieron 15 en impreso, recuerdo haberme encerrado un mes o 20 días a escribir y decirle a mi novia ‘oye, no nos vamos a ver’. Ella entendió y a veces me traía comida, y yo seguía y seguía allí. Pero este (Orientación Vocacional) sí fue traumático; ni si quiera podía ir a chupar a los bares del centro de Lima porque sabía que mi editor iba a estar allí y me veía me iba a decir: ‘¿Por qué no estas escribiendo el maldito libro? Había escrito los primeros cuentos y no me salían los demás, pegaba los que ya tenía en la pared y los miraba y me decía: ‘Ya Pierre, tienes estos 15, avanza con los demás’. Me iba al colegio, o armaba playlist con canciones de Vilma Palma, Aerosmith, de la mierda que escuchaba en quinto de secundaria para tratar de evocar sentimientos, hasta que un día empezó a salir. Imagino que Juanma se refiere a que una novela es una historia que necesita que te aísles más porque es más larga.

La música te ha marcado mucho, ahora estás fusionándola con la literatura en un taller que abrirás pronto.

Tenía un blog llamado Las canciones favoritas de Bruce Lee, sobre canciones que me gustaban y emocionaban y tenían historias que fueron importantes en mi vida. Luego leí 31 canciones de Nick Hornby donde él también hace lo mismo. La música siempre la conectamos con algo que nos había pasado en particular. Y pienso que mucha gente quiere contar algo y no sabe cómo empezar: esta es una gran forma de hacerlo, el chispazo inicial para escribir. La idea del taller es que al final tengan como un disco que compilen con sus seis canciones favoritas y un librito que ellos escribieron. Se ha perdido la costumbre de compilar canciones; en cassettes en discos, ahora lo hacemos en playlist pero con 100 o más canciones, pero se ha perdido el feeling de la elección de 12 canciones básicas. Voy a un equipo de música, vamos a escucharlas, va a estar paja.

Pierre Castro / Café Society©

Fue la poeta y catedrática Rosella Di Paolo quien conectó –o reconectó- a un ya joven adulto Pierre con la literatura, quien hasta entonces se recuerda como un veleidoso lector. Esta vez, a diferencia de su etapa escolar –donde era enviado a leer los Endecasílabos-, el viaje fue diferente: Bukowski, Rulfo y García Márquez se lo hicieron increíblemente divertido. Ya no habría retorno.

Hoy que toma la posta como conductor académico de jóvenes comunicadores en formación en un instituto de educación superior, comprende y asume el reto de, más allá de acumular experiencia y conocimiento literario, crear formas creativas para que este arte no solo alcance a sus chicos sino que también los conmueva. Entre el Pierre universitario y el Pierre profesor hay casi 15 años, decenas de autores y cientos de libros; pero siempre la misma idea: la literatura debe entrar, ante todo, como entretenimiento o complemento. No como obligación.

‘Cuando me puse a preparar la clase piloto tenía una impresión de emoción: me iban a dar un grupo de 30 chibolos para que yo les metiera lo que quisiera. Sentía que tenía 30 ollas vacías para que yo pusiera lo que quisiera. Decía: ‘llevaré este cuento que me hizo llorar, este otro que me hizo volverme loco, y podré ver cómo reaccionan los demás ante ellos’.

Así fue como él y su cuadrilla de alumnos literalmente recrearon el recorrido de personajes de ficción que habitaron Lima: Zavalita (Conversación en la catedral) por el Cercado de Lima, Julius (Un mundo para Julius) cerca a su residencia en la avenida Salaverry o ‘Pichula’ Cuellar y sus amigos (Los cachorros) bajando a una playa miraflorina. Pero fue otra de sus propuestas fue la que agitó las redes sociales y la sensibilidad de algunos colegas: los polémicos ‘memes literarios’.

‘Era un pequeño ejercicio para motivarlos. Me inspiré en el ejemplo de una profesora chilena. Usaba memes en mis ppt para explicar algunas cosas, porque los memes son símiles, metáforas, y al fin y al cabo es algo que también se aplica en la literatura, y como veía que conectaban al toque, que entendían, así surgió la idea de hacerlos sobre La ciudad y los perros. Luego hicieron otros de Ribeyro mucho mejores. Siempre que empieza el nuevo ciclo me preguntan si los mandaré a hacer memes (risas), pero les digo que ya no, mucho chongo’.

Sobre tu vocación como docente, ¿qué cosas te ha traído? ¿es divertido, es pesado?

Siempre es emocionante, siempre hay gente que está esperando que le alimentes el cerebro, que se los rompas o deslumbres con algo. Al principio era chocante porque quería que todos se emocionaran, como la novia que le presentas a tus amigos y no siempre les gusta a todos; les leía a Carver pero alguien miraba su celular, otro esperaba el break. Eso me rompía un poco el corazón pero me di cuenta que no puedes hacer que a los 40 alumnos les guste el cuento, y me concentraba en los que podían conectarse.

¿Cómo les dices a tus alumnos tus críticas sobre sus trabajos?

Yo sé a quién decirle (las críticas) y a quién no. Algunos textos eran terribles; sé que sonará un poco cruel pero sentía que su talento era tan nulo para esto (redacción literaria) que era inútil matarlo porque ya estaba muerto, pero a alguien que sí lo tiene le doy con palo porque lo necesita, sé que sí le va a ayudar. Les digo errores exactos: ‘esta palabra la estás repitiendo mucho’, ‘el final es poco verosímil’, cosas puntuales, nunca los destruyo. Sé que a esta edad un comentario fuerte puede matar una vocación, su interés. Dicen ‘puta, la cagé, nunca más escribo’.

¿Qué aprendes de ellos?

Mi vida en general es bien ‘burbuja’. Tengo una vida más o menos cómoda: no tengo hijos ni esposa. Lo que gano lo gasto en libros, comida y alcohol. Pero algunos de mis alumnos tienen que trabajar y estudiar, son papás, o ayudan en su casa, es una vida más complicada que la mía. Están más insertos en el mundo real. En ese sentido aprendo mucho de ellos porque no tengo esas vidas: yo solo cuento historias, pero a ellos les pasa esas historias. Y cuanto leo sus textos digo: ‘mierda, cuándo le pasó esto’.

Hoy vivimos en la sociedad de la imagen, del internet y menos de las letras.

Nada puede reemplazar a las letras; la imagen se procesa de otra forma. La decodificación del lenguaje escrito te obliga a una mayor reflexión. Un trabajo intelectual muy superior.

¿En qué forma mejoraste literariamente en tu taller de escritura creativa?, ¿Qué diferencia hay entre quienes aprenden de manera empírica?

Hay gente que no cree en esos talleres porque no cree que se pueda aprender a escribir; yo creo que la mejor forma de aprender es leyendo y escribiendo. Pero esos talleres ayudan en que: uno, te rodeas de gente a la que le gusta escribir, y eso te aumenta la voluntad muchísimo. Dices: ‘aquí hay gente que chambea pero llega a su casa y se pone a escribir’, una emoción colectiva que te impulsa. No eres el único marciano que está frente a una hoja en blanco intentando sacar algo bonito. Tratar de hacer algo mejor que el otro te estimula. Poner a prueba tus textos tiene que suceder en algún momento; en Facebook, en un blog, o los lees en público, pero tienes que mostrarlos a la gente porque es la única forma de ver si están funcionando.

¿Cómo ves a los autores nacionales actuales?

No leo a mucho a mis contemporáneos. Hay tantos libros que faltan por leer que me cuesta leer a los nuevos a menos que se vuelvan clásicos o alguien me los recomiende. Hace años leí Sueños bárbaros de Rodrigo Núñez Carvallo, me pareció una de las novelas más pajas que he leído en los últimos tiempos.

¿Qué libros relees siempre y cuáles dejaste de leer?

Podría ser Héroes de Ray Loriga, estaba tan bien escrito que una vez lo leí en voz alta chupando whisky en mi casa. Unas 10 a 15 veces. El guardián entre el centeno unas 6 o 7 veces. Nunca dejo ninguno a la mitad; tengo una obsesión compulsión, aunque un libro sea malísimo, tengo que acabarlo. King decía que también debemos leer libros malos, porque aprendemos qué no debemos hacer . Es difícil releer un libro sabiendo que hay tantos libros que están saliendo actualmente. Una vez Ribeyro se puso a sacarla cuenta de cuántos libros podía leer una persona en toda tu vida, y resultó en cinco mil libros. Y eso no es nada pues porque en un año se publican más de esa cantidad. Entonces tienes que aceptar que en toda tu vida no vas a leer todo lo que existe en el mundo y que es bello: el tiempo solo te va a alcanzar para el uno por ciento de todo eso.

***
¿Cómo afronta un nuevo cuento Pierre? El proceso, según cuenta, normalmente va así: se sienta ante la pantalla con al menos tres líneas pensadas y en vez de la inmensa y formal página del Word, abre el Facebook y la cajita del post. Se pone a escribir como le da la gana y de manera espontánea; hasta acumular unos cuantos párrafos, los cuales ahora sí pasará y continuará en el programa especial de cartas. Al paso que redacta, irá leyendo y releyendo su texto, una y otra vez. Y otra vez. Así hasta ponerle el punto final.

Sobre esta última parte, la puntuación, recordará una frase de Guy de Maupassant que Alonso Cueto (Lima, 1954) le mostró alguna vez: ‘Nada golpea tan fuerte el corazón humano como un punto bien puesto’.

 

Café Society©

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