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“Sasha o el universo y tú”, por Federico Abrill

Sasha o el universo y tú

Tú eres una pequeña parte del universo. Sin ti el universo no existe. Pero tú no eres el universo.

Sasha es quizás una de las pocas personas con las que puedo hablar sobre esto. La energía que confluye en el universo. Finalmente uno puede mover todas las fichas del tablero y esperar un resultado pero sigue siendo el universo el que cambia las cosas.

Ella viene de provincia como yo. Al llegar entró a la misma universidad pero a otra carrera. La diferencia es que el universo le llegó en forma de una turista en una combi. Sasha ayudó a una ecuatoriana perdida en la ciudad a encontrar una dirección y de pronto descubrió que su carrera de Comunicaciones se alejaba de lo que ella sentía correcto. Con esta amiga descubrió la cocina y filosofía zen a través de un libro en portugués.

La cocina es alquimia. Eso siempre lo he sabido. No es solo la suma de ingredientes, es como crear un pequeño universo en un plato. Es un talento muy duro ya que al mezclar un condimento con un ingrediente abres la puerta a microscópicas reacciones químicas que generan un Big Bang de sabor.

La filosofía Zen no se aleja de esta suma de ingredientes. La diferencia es que el universo viene hacia ti y tú lo tienes que recibir. Cuando sueltas las riendas de tu futuro, este viene hacia ti y tú estás listo. La filosofía la lleva al yoga y el yoga a una práctica de todo lo aprendido.

Como Sasha es chancona decide llevar un profesorado de Yoga. Comienza a dictar un par de clases. Cuando ella siente que esto es su vida, deja su trabajo de oficina y solo se dedica a enseñar.

Enseñar finalmente permite ayudar a las personas a entender su propio universo a través de lo que tú has aprendido.

Pronto Sasha se encontrará en una disyuntiva. El universo le propone colocar un centro de Yoga en Magdalena. Ella acepta el reto. Es un mensaje del universo nuevamente. En menos de un año y medio este lugar se vuelve un punto descentralizado de la filosofía que practica y tanto la ayudó a encontrar un centro en su vida.

El domingo se fue a la India por un mes y medio. Fue algo que apareció y ella lo aceptó.  Hoy ella ya está allí. Caminando por el sendero a su propio ritmo sin miedo adónde la va a llevar.

La angustia la manejo conmigo misma. Yo misma me tranquilizo. Si me angustio y pienso en lo que podría pasar, yo mismo me exijo respirar. Ver todo en su dimensión correcta.

Y recuerdo la primera parte de la conversación cuando le dije que descubrí que cuando dejas de pensar que eres el centro del universo todo se alinea lo cual no significa que todo mejore. Es que todo toma forma y escuchas por primera vez ese impulso que te dice qué hacer. Adecuado o no, ese impulso nace de ti y por eso es importante.
La primera obra de teatro que vi fue en Francés y en la televisión. Y cada vez que renuncio y digo me voy a dedicar a otra cosa algo sucede. Y así como Sasha fue descubriendo su propio camino, yo me atrevo a decir que sigo descubriendo el mío. No sé adónde me lleve. Solo sé que ahora estoy seguro que veo todo en la dimensión que necesito verlo. Mi propia visión de lo que quisiera hacer y que se modifica a medida que las cosas van pasando.

Estas son las grandes lecciones que he aprendido en esta etapa de búsqueda y que con Sasha he podido compartir mientras tomábamos desayuno.

Vive el aquí y el ahora. Presta atención a todo lo que haces. Sé fiel a lo que sientes. Acéptate tal y como eres. Deja ir. Sé honesto. Sé responsable de tu vida y del mundo. Pero sobre todo, no te opongas a la corriente. Fluye con ella.

Y es que vivir en el mundo –como decimos con Sasha– es como actuar. Entra a escena. Presente. Viviendo el momento a momento. Sin miedo a lo que pase. Cargando el pasando pero dejándolo ir por lo que venga. Finalmente el pasado siempre estará en nosotros pero debemos manejarlo con ligereza.

Buen viaje, Sasha. Qué bueno que apareciste en mi vida (y en la vida de mi amigo que ahora es tu novio).

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