Teatro Marca Perú

Todo proceso de industrialización responde al predominio de las industrias a favor del desarrollo económico de un país, pasando por alto -o buscando alinear- los pequeños sistemas de producción vinculados al campo, a la textilería, a los brillantes artesanos de nuestros pueblos que han sabido defenderse con su arte a través del tiempo. Este proceso hegemónico solo busca estandarizar y acabar con aquello que ponga en riesgo nuestra economía. Nos propone más trabajo y también explotación indiscriminada. La historia ha sido clara cuando vemos cómo han sido desplazados muchos sistemas primigenios de intercambio. El trueque por ejemplo y la enorme migración hacia donde nos dicen que podemos estar mejor.

En el teatro peruano del cambio de siglo esta es la figura predominante que nos propone el desarrollo. Nuestra escena actual se encuentra en este proceso. La capital sigue siendo el centro de todo. ¡Aquí debemos estar para lograr ser visibles! nos dicen permanentemente estudiantes, teatristas consagrados y maestros de comprobada experiencia. Hay excepciones, pero la realidad es esa. Realidad que por cierto no es nueva y que solo está siendo reforzada por estos conceptos en práctica de industrias culturales. Lo popular se ha convertido en chabacano y pareciera que no hay espacio para otras voces. Al manejar, de manera sistemática este procedimiento, aparece la comercialización y por lo tanto “el producto”. Producto con marca oficial y registrada. Producto peruano. Marca Perú. La oportunidad de una mejora económica para el artista se convierte en una feroz competencia teniendo como herramienta el conocido serrucho. Sin embargo, el problema no es el desarrollo, ni la oportunidad de trabajo. Es la consecuencia de todo esto y de cómo estamos asumiendo este cambio. Habría que preguntarnos dónde queremos estar y qué podemos hacer para preservar los principios éticos que parecen no tener lugar más que en el debate interminable de la doble moral.

Nuestro país, desde la conquista, nunca pudo consolidar un “proyecto” como nación. Cualquier intento de democracia siempre ha sido inestable y quebrado en algún punto. Por lo tanto, la cultura siempre ha estado en el último peldaño de prioridades. Claro, ¿cómo podemos hablar de cultura cuando un tercio del Perú vive en extrema pobreza y otro tanto no puede acceder a servicios dignos de salud y educación? Últimamente hemos sido testigos de polémicas declaraciones que cuestionan el sentido del Ministerio de Cultura y sus estratégicos trabajadores. Sin embargo, el teatro sigue latiendo en cada rincón donde haya alguien con el deseo de contar lo que le pasa y otro con el mismo deseo de escucharlo. Siempre hay un alguien decidido a ser espectador, a ser tocado por algún susurro de esperanza.

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Diego La Hoz
Director, dramaturgo y pedagogo teatral autónomo. Fundador de EspacioLibre, grupo teatral que desde 1999 construye un espacio para la creación escénica en libertad con incidencia en dramaturgia propia y peruana. Es miembro de la Asociación de Investigación y Crítica Teatral Argentina (AINCRIT) y parte del Comité Editorial de las Revistas Digitales “Teatralidades” (Estados Unidos) y “Dramateatro” (Polonia). Ha recorrido con su trabajo escénico gran parte del país y Latinoamérica. Siendo México, Argentina y Ecuador, algunos lugares donde su nombre y el de EspacioLibre se consideran como referentes para nuevos creadores. En 2008 crea El Encuentro Del Barranco, dedicado a convertirse en un espacio de intercambio con grupos pares de diversas partes del continente. En 2009 recibe el reconocimiento del Movimiento de Teatro Independiente del Perú como uno de los “Nuevos Hacedores del Teatro Peruano”. Los quince años de EspacioLibre fueron celebrados con la publicación documental y recopilatoria del libro “Donde Nada (H)Era”.