Columnas

“Un tal Sergio Arrau”, por Federico Abrill

UN TAL SERGIO ARRAU

Conocí a Sergio Arrau en la presentación de un compendio de Dramaturgia Peruana. Yo lo conocía de “Lisístrata Gonzáles” y su trilogía de “Mangomarca”. Además ya había oído de su “Marat/Sade” y “La Noche de Asesinos”, piezas teatrales del teatro universal dirigidas por él y que revolucionaron e influenciaron a una gran cantidad de jóvenes aspirantes a la dirección teatral, entre ellos, a Alberto Isola.

Llegó y se acercó al grupo en el que estaba y comenzó a contar chistes con tanta alegría y sinceridad que a veces se olvidaba uno que detrás de esa ligereza y gracia se escondía la menta acuciosa que forjó piezas como “La Multa”.

Arrau no solo era dramaturgo y director, también fue maestro de una larga lista de alumnos tantos en el Club de Teatro de Lima -sede Miraflores- como de la Ensad. Su partida ha estallado en el corazón de muchas personas. Sergio Arrau y sus obras de teatro siempre existirán. En la mente de aquellos que las vieron como aquellos que las leímos.  Por suerte, Sergio publicó algunas de sus obras y estas deben estar en algunas librerías en la ciudad en la pequeña y escondida sección de teatro que toda librería tiene.

En 1989, el National Theatre Review lo entrevista. Es Otoño. Pedro Bravo-Elizondo entrevisa a Sergio Arrau, el dramaturgo ignorado. En él comenta algo muy curioso que me gustaría compartir.

“Para ser un buen escritor, si es que no se trata de un genio, tiene que prepararse, practicar, probar, ensayar, escribir sudando la gota gorda (o la flaca, pero sudarla). En cuanto al dramaturgo, este debe estar ligado al quehacer teatral de alguna manera, en cualquiera de sus oficios mejor aun si es al arte de la representación como actor o como director. Debe participar, pues así va mejorando su técnica”.

Sergio no podía con su genio. Duro y a la vez, bromista. Una verdad con un secreto detrás. Una luz con oscuridad escondida. Así eran sus obras. “Bodas de Plata” y “Un Tal Manuel” (que con cada revisión ha cambiando de nombre) son piezas importantes de su pluma que alguna vez he podido leer.

La partida de Sergio deja un hueco teatral muy profundo en la comedia que se hacía entre el 80 e inicios de los 90 además de mucho material teatro estrenado y no estrenado y una visión festiva y punzante de la realidad que se vivía en Chile y en Perú en la post dictadura.

Conocerlo fue un placer. Compartir con él un par de veces más un regalo. Espero sinceramente siga escribiendo donde esté, maestro Arrau y deje de revisar cada obra que hace y cambiarle de título.

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